Durante 37 años de vida laboral nunca había encontrado tantas oportunidades como dificultades en el trabajo. El sector del ciclismo en el que me desempeño vive, por fortuna, momentos de auge, pero paradójicamente, al igual que en muchas empresas, ronda la incertidumbre. Los abusos vienen de una y otra parte, lo que deriva en una cadena de hechos lamentables sucedidos a partir del año 2020. Veamos:
1. Apareció la pandemia del covid-19 y tuvimos que cerrar temporalmente las empresas, pero manteniendo los gastos de personal, arrendamiento y costos financieros, entre lo más relevante, sin faltar el descaro de algunos arrendadores que aprovecharon para cobrar sanciones por entrega anticipada de locales o mantener su valor como si nada pasara.
2. Debemos afrontar la enfermedad causada por el virus, tanto en nuestras familias como en los empleados, incluidos los tristes desenlaces, que de haber llegado las vacunas antes, hubieran podido evitarse muchos de ellos. Hasta la “salvación” de los bancos fue corta, porque el haber ayudado con la congelación de pagos, solo aplazó las deudas, se acumularon más intereses y muchas empresas tuvieron que cerrar.
3. Luego sobrevino la reapertura y, gracias al buen volumen de ventas, bajó el nivel de inventarios, pero los tiempos de producción se incrementaron de tres hasta 18 meses, sin tener alternativa alguna para responder frente a la demanda, pero sí manteniendo empleados y demás gastos.
4. Debido a la alta demanda se generó escasez de materias primas y componentes que incrementaron los precios entre un 15% y 22% a nivel mundial.
5. Las grandes órdenes mundiales de muchos sectores de la economía colapsaron, los envíos marítimos y los fletes pasaron inexplicablemente de US$1.500 hasta US$ 14.000 por contenedor de 40 HC. Las navieras incrementaron fletes de manera arbitraria y desmedida frente a la urgencia de las importadoras para recibir productos.
6. Las fechas de embarque fueron y han sido pospuestas, una y otra vez, debido al alto flujo de tráfico, aumentando las demoras y, por ende, retrasando aún más las entregas.
7. Llegaron las protestas, los cierres de vías y el injustificado vandalismo que obligaron de manera irresponsable a confinar los puertos marítimos, generando el represamiento de productos. Con esto se disparó el desabastecimiento y la angustia para muchos empresarios. Y vinieron, además, las cifras récord de contagios y muertes por covid-19.
8. Los contenedores que traen productos y mercancías importadas llegan al puerto marítimo y, al no poder salir, deben pagar altas sumas de almacenamiento sin recibir a cambio ninguna ayuda ni descuento de parte de los lugares de desembarque.
9. Después de un mes de crisis hay que proceder a nacionalizar los productos pagando impuestos, IVA, almacenamiento y moras por anticipado. La gran mayoría de las empresas debieron sacar dinero de donde no había, recurriendo a préstamos con tasas de interés regulares, sin tener ninguna contemplación por la crisis vivida.
10. Las navieras, no contentas con el alza desmedida de los fletes, cobran sin piedad hasta US$200 por día de mora en devolver los contenedores y algunas disminuyeron los días libres de entrega. Lo anterior significa que si un contenedor llegó a finales de abril y salió a principios de junio, después de “levantar” los bloqueos, en promedio pagó $12 millones en almacenamiento y hasta $20 millones de mora por contenedor. Además, las navieras generaron más cobros adicionales, en algunos casos, por no recibir los contenedores vacíos en cada ciudad, obligando a llevarlos a puerto.
11. Cuando pensábamos que no serían más las sorpresas, se presentó la estocada final: los transportadores subieron el precio de los fletes de Buenaventura, pasando de $ 3,5 millones hasta $10 millones.
12. Debido a la congestión en los puertos, los productos no llegan y los clientes se desesperan, lo que produce confrontaciones y malentendidos. Los resultados son nefastos para la sociedad, porque la mayoría de costos extras se trasladan al consumidor final, sin faltar los que abusan aumentando más de lo justo.
Por uno y otro lado, los empresarios debemos asumir todos los males del Estado, además del vandalismo y los cierres protagonizados por una sociedad inconforme. ¿Será que si desaparece la clase empresarial, mirada con odio por muchos, llegarán tiempos de prosperidad? ¿Quién pagará los gastos e inversiones del Estado sin la ayuda de los impuestos?
El llamado es a que mejoremos a Colombia. No la destruyamos, aunque nuestra patria haya demostrado templanza y resiliencia ante tanta maldad desatada. Esta es una raza amable, trabajadora, pujante y luchadora. Por eso y mucho más, y a pesar de tantos problemas, ¡de aquí nadie nos saca! No vamos a irnos para otra nación, porque esta es nuestra casa, pero es urgente acabar con tanto odio y abusos de uno y otro lado, trabajar con compromiso social y tomar decisiones de fondo en el control a una desmedida corrupción que nos agobia.
Desde aquí invito a los empresarios a trabajar unidos, con berraquera, optimismo y con más ánimos que nunca, ayudando a los más necesitados para acabar con tanta desigualdad, porque más importante que acumular es compartir de manera solidaria y generosa, ya que la indiferencia también es nefasta para vivir en comunidad. Nuestro adorado país no puede ser destruido por unos pocos. Los que queremos a Colombia somos más, pero los abusadores deben ser menos.
Una vez iniciada la inolvidable “Conquista de Europa” en 1983 con la presencia por primera vez en el Tour de Francia de un equipo “amateur” -el Pilas Varta de Colombia -, también se inició un extraordinario intercambio deportivo, periodístico y dirigencial que habría de contribuir de manera formidable al progreso y posicionamiento definitivo de nuestro ciclismo a nivel del mejor ciclismo del mundo.
Fue así como después del Tour del Avenir de 1980 y la victoria de Alfonso Flórez, se abrió un amplio espacio para el intercambio de equipos y corredores del viejo continente que comenzaron a venir a nuestro país, inicialmente al Clásico RCN de 1982 y 1983 (Equipo Peugeot) con Pascal Simon como su gran referencia, también el Renault de Laurent Fignon y Greg Lemond en 1984 y así sucesivamente hasta que en 1986 llega a Colombia el entonces considerado mejor ciclista del mundo: Bernard Hinault, campeón 5 veces del Tour de Francia y vencedor también del Giro, Vuelta y campeón mundial de ruta.
El astro francés vino al comando de su último equipo (La Vie Claire) y su presencia despertó todo la expectativa y entusiasmo posibles pues se enfrentaba en las carreteras, climas y topografías de nuestro país al ídolo nacional Lucho Herrera, con quien había librado una batalla inolvidable y de antología en el Tour el año anterior con saldo para el galo como campeón y la consagración para el colombiano al ganar dos etapas y la camiseta del mejor escalador.
La carrera de RCN partió de Medellín con un prólogo el 17 de mayo y terminaría en Bogotá el 24, pasando por Riosucio, siguiendo hacia Cali donde se vivió un formidable duelo entre los dos ases en la cronoescalada al kilómetro 18 que fue ganada por Herrera.
El epílogo de la sensacional prueba tuvo lugar en Bogotá y el duelo esta vez fue sobre 48 kilómetros, en una CRI totalmente plana entre Los Héroes- La Caro-Los Héroes, distancia que le permitió a Hinault la victoria parcial en la etapa y el título de campeón para Lucho que subió al podio acompañado por Israel “Pinocho” Corredor y William Palacio.
El astro mundial hizo honor a su prestigio y dejó una lección de pundonor y profesionalismo terminando la prueba y cumpliendo los compromisos adquiridos, además de convertirse en admirador del país y sus ciclistas como lo demostraría más adelante una vez retirado de la actividad, encontrándolos con frecuencia en diversos podios de las carreras organizadas por ASO como el Tour de Francia, el Tour del Avenir y el Critérium Dauphiné, como jefe de Protocolo de la entidad.
Hinault fue agasajado por el entonces presidente de la Organización Ardila Lulle, quien le obsequió una fina montura atendiendo la afición del ciclista por los caballos y también visitó las oficinas de la Revista Mundo Ciclístico en Bogotá, donde fue recibido por el director y los redactores quienes le entregaron un volumen de la colección de la revista correspondiente al año 1985 y firmó un cuadro enmarcado donde aparece el gran campeón francés leyendo atentamente uno de los ejemplares de nuestra revista.
A pesar de no conseguir la victoria en la decimoséptima jornada, Jhonatan Narváez volvió a ser gran protagonista en el transcurso de la etapa 17 del Giro de Italia al meterse en la disputa de los sprints intermedios para recuperar la ‘maglia ciclamino’, su principal objetivo en esta edición de la ‘Corsa Rosa’.
El corredor suramericano, que se fijó ganar la clasificación por puntos, terminó en el top 10 el día de hoy. Narváez se ha subido al podio en tres ocasiones como ganador de la etapa, en una actuación histórica para Ecuador.
Es importante recordar que los puntos para obtener la preciada camiseta morada se le otorgan a los mejores en la línea de meta de cada etapa y también a los que pasen de primeros en los sprints intermedios de las mismas.
En diecisiete días de competencia, Narváez lidera con un puntaje de 157, escoltado por el francés Paul Magnier (Soudal Quick-Step) con 145 unidades y por el italiano Jonathan Milan (Lidl – Trek) con 78 puntos.
En un final a pura velocidad, Matisse Van Kerckhove, del equipo de desarrollo del Team Visma | Lease a Bike, ganó la primera etapa del Alpes Isere Tour 2026, luego de recorrer 133,7 kilómetros por los alrededores de la comuna francesa de Charvieu-Chavagneux, en la región de Ródano-Alpes.
El belga, de 19 años, se llevó la victoria por delante del neerlandés Guus van den Eijnden (Alpecin-Premier Tech Development Team) y del francés Victor Jean (Elite Fondations Cycling Team), quienes terminaron 2° y 3°, respectivamente.
Los dos colombianos en competencia llegaron en el pelotón, Juan Felipe Rodríguez (EF Education – Aevolo) entró 55° y Martín Santiago Herreño (Bardiani CSF 7 Saber) finalizó 83°, ambos a 11 segundos del ganador.
La carrera francesa continuará este jueves con una etapa rompe-piernas de 134,3 kilómetros entre Saint-Martin de Vaulserre y Bourgoin-Jallieu, que incluye siete puertos categorizados.
Alpes Isère Tour (2.2) Resultados Etapa 1 | Charvieux-Chavagneux – Charvieux-Chavagneux (133,7 km)
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