En el comunicado de prensa oficial que emitió este martes Jumbo Visma luego de concluir la cuarta etapa del Tour de Francia, quedó muy claro el objetivo de la escuadra neerlandesa para la jornada a cronometro de este miércoles, ganar.
Wout van Aert enfatizó en su interés de ganar la contrarreloj y no descarta llegar al ‘Maillot Jaune’. “Hoy no interferí con el sprint del grupo. Afortunadamente, pasamos bien esta etapa como equipo. El foco para mí está en la contrarreloj de mañana. El objetivo principal es competir por la victoria del día. Queda por ver si también puedo probar el amarillo. Estoy deseando que llegue. Iré a toda velocidad”.
Primož Roglic no está centrado en la pérdida de tiempo el día anterior. “Estoy agradecido de poder estar en el inicio de la contrarreloj. Seguiremos dándolo todo mientras estemos en el Tour de Francia. Es cuestión de pasar los próximos días. Por ahora no tiene sentido mirar la pérdida de tiempo”.
El director deportivo del conjunto neerlandés Grischa Niermann expresó: “En la contrarreloj de mañana buscaremos nada menos que la victoria. Tenemos buenos corredores en la contrarreloj. Wout será nuestro hombre principal. El objetivo es ir por la victoria del día. Ojalá también podamos intentar conseguir el amarillo. Esperamos que Primoz sea capaz de dar potencia a los pedales de su bicicleta de contrarreloj”.
Hay victorias que se celebran, y hay otras que se parecen a una resurrección. La de Wout van Aert en la París-Roubaixfue exactamente eso: una escena salida de El Renacido, la película de Alejandro González Iñárritu, en la que un trampero y explorador del siglo XIX no sobrevive porque la vida o la suerte le sonrían, sino porque se niega a morir antes de tiempo.
Durante meses, el belga pareció arrastrarse entre la niebla de las caídas, la presión, las dudas y esas derrotas incómodas para un campeón de su talla. Pero este domingo, en el infierno de los adoquines, volvió del frío, del dolor de la maldita caída en La Vuelta 2024 y de sus propios fantasmas para firmar en el añejo velódromo de Roubaix una de las victorias más impresionantes, emotivas y redentoras de su ya brillante carrera.
Fue en el sector 12, entre Auchy-lez-Orchies y Bersée, donde Wout van Aert decidió que ya había esperado suficiente. En uno de esos tramos donde París-Roubaix se vuelve más infernal que ninguna otra carrera en el universo, el belga tomó la iniciativa, endureció la prueba, se sacudió a Pedersen y se llevó al alienígena Tadej Pogacar soldado a su rueda.
Ahí empezó a tomar forma la batalla que todos soñábamos: dos gigantes solos frente al adoquín, midiéndose a golpe de pedales, dos pura sangre cabeza a cabeza, todavía con casi 100 kilómetros y un mar de piedras por delante.
En El Renacido, Hugh Glass es despedazado por un oso, enterrado vivo, lanzado al abismo con su caballo y obligado a atravesar a pie un desierto de hielo y temperaturas bajo cero. Así también Pogacar y Van der Poel parecieron quedar a merced del infierno en plena París-Roubaix.
El esloveno vio cómo un pinchazo, cuando aún faltaban cerca de 120 kilómetros, amenazaba con desbaratar su ambición, mientras que el neerlandés, triple campeón defensor, sufrió una avería mecánica en el temible Bosque de Arenberg que lo obligó a perseguir durante buena parte de la jornada. A uno lo golpeó la mala fortuna; al otro, el corazón mismo del adoquín. Y, sin embargo, ambos siguieron avanzando como sobrevive Glass en la novela de Michael Punke: heridos, exhaustos, empujados al límite, pero con el orgullo intacto, ese que le impide a un ciclista de verdad abandonar una carrera.
Como Hugh Glass y John Fitzgerald persiguiéndose a través de la inmensidad salvaje de Wyoming, Montana y Dakota del Norte, también Wout van Aert y Tadej Pogacar se fueron cazando el uno al otro a través del infierno de París-Roubaix: dos gigantes empujados por el orgullo, la obsesión y la necesidad de sobrevivir al día más cruel del ciclismo. Pero en el viejo velódromo de Roubaix, allí donde los héroes dejan de ser hombres comunes para convertirse en leyenda, fue el belga quien logró doblegar a su rival y salir con vida de la batalla.
Y así como Glass terminó inspirando relatos que atravesaron generaciones hasta convertirse en novela y cine, también Van Aert firmó una victoria destinada a perdurar en la memoria del ciclismo, una de esas que se cuentan durante décadas porque no solo coronan a un campeón: también alimentan los mitos.
Cuando Wout van Aert cruzó la meta en el velódromo de Roubaix, ya no levantó solo los brazos de un campeón que acababa de sobrevivir al infierno. Levantó también el recuerdo de un amigo que nunca salió de allí. Su gesto hacia el cielo tuvo el peso de la memoria y del dolor que permanece: el de Michael Goolaerts, su compañero y amigo que en la París-Roubaix del 2018 y con solo 23 años encontró en estos mismos adoquines su último día. Ocho años después, Van Aert convirtió su victoria en homenaje, y en medio de la gloria le recordó al ciclismo que hay triunfos que no terminan en la línea de meta.
Dos participaciones en la París-Roubaix y dos segundos puestos para la superestrella eslovena Tadej Pogacar. La racha de tres victorias consecutivas en Monumentos del campeón del mundo acabó por culpa del belga Wout van Aert (Visma–Lease a Bike), quien le ganó en un sprint a dos.
“Estoy orgulloso de todo el equipo. Fue una carrera muy difícil, tuve que cambiar de bicicleta dos veces y gastamos mucha energía intentando remontar, así que no pudimos seguir nuestro plan original. Aun así, logré volver a la cabeza de carrera”, dijo Pogacar, en declaraciones recogidas por su equipo.
El jefe de filas del UAE Team Emirates-XRG llegó decidido a conquistar el único Monumento que le faltaba en su palmarés, y su gran estado de forma se hizo evidente desde el principio, cuando la escuadra árabe impuso un ritmo frenético a 150 kilómetros de la meta, reduciendo significativamente el pelotón.
Pasando la mitad del recorrido, el esloveno sufrió un pinchazo en la rueda delantera. Tras recibir inicialmente una bici de asistencia neutral, posteriormente recibió la bicicleta de su equipo y emprendió una decidida remontada de 20 kilómetros para reincorporarse a la cabeza de carrera, justo antes del crucial sector del Bosque de Arenberg.
“Cuando Wout atacó, pude seguirle, pero no tenía suficiente energía en las piernas para descolgarle en el adoquín. Intenté contraatacar, pero corrió muy inteligentemente. Trabajamos bien juntos hasta la meta. Sabía que era muy rápido, así que el sprint siempre iba a ser difícil para mí. Di lo mejor de mí, pero hoy fue más fuerte y mereció la victoria. Sigo estando orgulloso y contento con el resultado”, concluyó el esloveno.
Tras su séptima participación en la París-Roubaix, a Wout van Aert (Team Visma | Lease a Bike) por fin se le dio la victoria en la ‘Clásica de Clásicas’ tras un duelo espectacular con Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG).
El todoterreno belga fue el más rápido en un sprint a dos en el legendario velódromo de Roubaix, relegando al campeón del mundo al segundo lugar tras un esfuerzo descomunal en los últimos kilómetros.
El podio lo completó el belga Jasper Stuyven (Soudal Quick-Step), dejando en el cuarto lugar al máximo favorito, el neerlandés Mathieu van der Poel (Alpecin-Premier Tech). El top 5 lo cerró el francés Christophe Laporte (Team Visma | Lease a Bike).
El único colombiano en competencia, el sprinter boyacense Juan Sebastián Molano (UAE Team Emirates) no concluyó la prueba. El pedalista paipano lleva dos ediciones consecutivas sin terminar, de las cuatro en las que ha participado.
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