Como una de las disciplinas deportivas más afectadas por el COVID-19, el ciclismo ha venido encontrando en el túnel de la incertidumbre algunas luces que le han permitido transitarlo con la ilusión de encontrar la luz al final, representada en la posibilidad de retornar a las competencias.
Los primeros destellos fueron las autorizaciones para salir a entrenar en las carreteras de manera individual –previa presentación y aprobación de protocolos sanitarios por parte de las Federaciones Nacionales a sus autoridades respectivas (Ministerios del deporte, Interior o Salud) y posteriormente, otra luminaria apareció con la autorización del protocolo UCI para entrenarse colectivamente y establecer los famosos campos de entrenamiento o concentraciones de equipo.
Otras luces esperanzadoras han sido los calendarios de carreras publicados por la máxima rectora del ciclismo mundial (UCI) y los principales organizadores de carreras en consenso con entrenadores, manejadores y ciclistas, presentándose igualmente los posibles calendarios internos en cada país por parte de la Federación respectiva, todo a partir del 1 de agosto y en algunos casos como el de Colombia, a partir del 28 de septiembre.
La pregunta del millón: ¿Cual será el Protocolo para estar en una carrera?
Ahora que se acerca el momento de salir del túnel y encontrar la anhelada luz en el final (las competencias), surgen más preguntas que respuestas en torno a una cuestión definitiva para las competencias ciclísticas en esta “nueva normalidad”, todas enmarcadas en un aspecto fundamental: EL PROTOCOLO PARA LAS COMPETENCIAS DE CICLISMO.
En torno a este aspecto, tal vez el más importante después de haber conseguido entrenarse en carretera, se sabe muy poco o nada por parte de los organizadores, aunque es lógico pensar que todos han venido trabajando –al igual que los equipos– en un tema tan delicado y clave mirando el inmediato futuro.
Se trata de algo muy complejo, que tiene demasiados componentes considerados de mínima, mediana, grande y macro importancia comenzando por aspectos como el antes, durante y después de cada etapa o carrera, el proceso de acreditaciones, manejo de la caravana propiamente dicha (carros acompañantes, directivos, motos, prensa), ceremonias protocolares de salida y llegada, acomodación en salas de prensa, entrevistas, acceso a los equipos, hotelería, transporte, manejo de público (carreras a puerta cerrada o publico controlado en cantidad en salidas, llegadas, pasos por poblaciones, premios de montaña).
Caravana publicitaria -si las hay- y muchos otros detalles que han llevado a RCS (organizadores del Giro de Italia, San Remo, Lombardía y Tirreno) a presentar el próximo viernes 17 al gobierno italiano (Ministerios del Interior y el Deporte) un documento que contiene el más meticuloso proyecto de protocolo para ser analizado y aprobado para sus carreras antes de ser enviado a equipos e interesados en competir y estar en estas pruebas.
El documento seguramente contiene también lo referente al COVID-19, –tal vez el aspecto más delicado- en cuanto a requisitos, exámenes antes, durante o después de carreras o etapas a ciclistas, acompañantes e integrantes de la caravana, manejo de positivos por COVID-19 (en caso de presentarse) y tantos otros detalles aun por conocerse que aldrán seguramente a la luz pública antes de que el lote comience a rodar, máximo objetivo de la UCI y en general del movimiento ciclístico como ya sucedió con el fútbol cuando en Alemania pudo finalmente rodar – y sigue rodando- el balón y posteriormente otros países como España e Italia siguieron su ejemplo.
Falta por saber si esos protocolos serán individuales (según organizador y país), si el Tour tendrá uno propio y a Vuelta el suyo o si la UCI prepara uno de carácter universal y tiene injerencia en los demás. Los equipos y sus ciclistas en cada uno de ellos, el grupo acompañante, los patrocinadores y dueños de escuadras, los medios de comunicación y el gran público esperan con ansiedad conocer esos protocolos y su contenido para saber a qué atenerse en cuanto al interés de hacer parte de la caravana y conocer sus posibilidades de vivir los detalles que a cada quien interesa de un deporte con tantas facetas como este del ciclismo.
De cualquier manera, el ciclismo del mundo espera con ansiedad que se de el banderazo para la primera carrera oficial del calendario UCI y el desarrollo de las grandes pues de su resultado –como sucedió con el fútbol- dependerá que los demás países organizadores puedan demostrar a sus gobiernos que si se puede hacer ciclismo y lo que suceda en Italia, Francia y España principalmente servirá como ejemplo y espejo para revivir una de las actividades de mayor expectativa mundial.
En Colombia, la FCC ha comenzado la elaboración de un borrador en colaboración con entrenadores de equipos, ciclistas, autoridades médicas y gubernamentales, que contiene el proyecto de lo que sería un protocolo para presentar al gobierno nacional, que se irá perfeccionando en función de cómo evolucione la pandemia en el país.
A medida que avancen las carreras mencionadas y se conozcan los protocolos que serán puestos en práctica en Europa a partir del 28 de julio en la Vuelta a Burgos, y más tarde con el Dauphiné (12-16 de agosto), auténtico banco de pruebas antes del gran desafío, el Tour de Francia (29 de agosto al 20 de septiembre), de cuyo rodaje y desarrollo estará pendiente el mundo entero por considerarlo como un mensaje del gobierno francés a su país, al mundo y al deporte en cuanto al futuro y esperanza frente a un enemigo que logró paralizarlo y sigue azotándolo contra el cual hay que seguir luchando o por lo menos aprender a vivir la vida con él.
El próximo sábado 4 de julio, Barcelona escribirá una de las páginas más importantes de su relación con el ciclismo mundial. Por primera vez en la historia, la capital catalana será escenario del Grand Départ del Tour de France, un acontecimiento que situará a la ciudad en el centro neurálgico de la carrera ciclista por etapas más prestigiosa del planeta y que reforzará su trayectoria como sede de grandes eventos deportivos internacionales.
La elección de Barcelona no es un hecho aislado, sino la consolidación de una relación construida durante décadas entre la ciudad, su gente y el Tour de Francia. Junto con Tarragona, Granollers y otras localidades catalanas, la ciudad condal protagonizará un inicio de carrera que pondrá en valor la diversidad del paisaje, la riqueza cultural y la capacidad organizativa de Cataluña, en una salida que combinará deporte, territorio y proyección global.
El Tour de Francia es mucho más que una competición ciclista. Con más de 120 años de historia y 113 ediciones, se ha convertido en una cita universal del deporte, una celebración del esfuerzo colectivo y un fenómeno cultural seguido en más de 190 países. Su dimensión mediática y social lo convierte cada año en una plataforma incomparable para mostrar al mundo los territorios que acogen su recorrido.
Desde su primera edición en 1903, el Tour ha evolucionado hasta convertirse en un símbolo del ciclismo como deporte de equipo, resistencia y superación. Su inicio anual, el Grand Départ, ha dejado de ser únicamente el punto de partida de la carrera para transformarse en una vitrina cultural, paisajística y económica para las ciudades anfitrionas, que encuentran en el Tour de France una oportunidad única de conexión con millones de aficionados.
Barcelona ya había recibido al Tour de Francia en tres ocasiones anteriores, en 1957, 1965 y 2009, siempre con un protagonista común: la gente. En cada paso de la carrera, las calles se llenaron de expectación, actividades y compromiso ciudadano, confirmando que el vínculo entre la ciudad y la ronda francesa no se construye solo sobre el asfalto, sino también sobre la emoción de una afición que ha sabido convertir cada visita en una verdadera fiesta.
La primera llegada del Tour a Barcelona se produjo el 12 de julio de 1957, cuando la carrera cruzó la frontera para finalizar una etapa en la ciudad después de un exigente recorrido desde Perpiñán. Los ciclistas culminaron la jornada en el Estadio de Montjuïc, ante una gran expectación popular. Aquel día se abrió un vínculo nuevo entre Barcelona y la prueba más reconocida del ciclismo internacional.
Ocho años después, el 2 de julio de 1965, el Tour de Francia volvió a Barcelona en una jornada que quedó marcada por la hazaña de José Pérez Francés. El corredor completó en solitario los 221 kilómetros desde Ax-les-Thermes, pasando por el collado de Toses, y logró una victoria memorable en Montjuïc. Su triunfo tuvo un fuerte eco entre la afición catalana y reforzó el carácter deportivo y simbólico de la ciudad.
El 9 de julio de 2009, Barcelona volvió a recibir al Tour con una etapa de recorrido íntegramente catalán que partió desde Gerona y concluyó nuevamente en Montjuïc con la victoria del noruego Thor Hushovd. La presencia de un público numeroso y participativo volvió a demostrar la capacidad de la ciudad para acoger grandes eventos con vocación internacional, manteniendo vivo un escenario que ya forma parte de la memoria ciclista barcelonesa.
En 2026, esa historia dará un paso definitivo. Entre el 4 y el 6 de julio, Barcelona será por primera vez el punto de partida oficial del Tour de France. La ciudad ofrecerá un Grand Départ con una etapa inaugural 100% urbana, atravesando con una contrarreloj por equipos lugares emblemáticos como la Sagrada Família, el Paseo de Gràcia y Montjuïc. Este último, escenario habitual de llegadas y espacio clave de la actividad deportiva de la ciudad, simbolizará una vez más el vínculo entre territorio y deporte.
Como antesala de este momento histórico, Barcelona ya calienta motores con la Festa del Tour, una gran celebración ciudadana que del 26 de junio al 5 de julio llenará los diez distritos con más de 70 actividades gratuitas. Con conciertos, espectáculos itinerantes, cultura popular, gastronomía, comercio, mercados, actividades familiares y propuestas vinculadas al mundo de la bicicleta, la ciudad se prepara para vivir el Tour de Francia 2026 no solo como una carrera, sino como una fiesta colectiva que confirma que Barcelona y el ciclismo siguen pedaleando juntos hacia el futuro.
El belga Remco Evenepoel y el alemán Florian Lipowitz, quienes terminaron terceros en las dos últimas ediciones del Tour de Francia, en ambos casos detrás de Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard, liderarán al equipo Red Bull – BORA – hansgrohe en el Tour de Francia, que se disputará del 4 al 26 de julio. El colombiano Daniel Felipe Martínez se quedó por fuera de la lista.
“El Tour ya no lo gana un ciclista excepcional en solitario, sino un gran equipo. Creemos que presentamos uno de las formaciones más completas de la historia. Con Remco y Florian, contamos con dos líderes que ya han demostrado que pueden subir al podio del Tour. Sus diferentes fortalezas nos brindan opciones tácticas que podrían resultar decisivas”, indicó Zak Dempster, director deportivo de la escuadra teutona, en declaraciones recogidas por el equipo.
Junto a los dos líderes el elenco teutón alineará a otro ciclista que ya sabe lo que es subirse al podio en una Gran Vuelta, se trata del australiano Jai Hindley, ganador del Giro de Italia 2022 y que viene de ser tercero en la Corsa Rosa de este año. Maxim Van Gils, Mattia Cattaneo, Jan Tratnik, Nico Denz y Tim van Dijke completan la potente alineación.
“La fuerza de esta plantilla va mucho más allá de Remco y Florian. Contamos con escaladores experimentados, ciclistas completos y corredores capaces de asumir responsabilidades en cualquier situación de carrera. Cada Tour desarrolla su propia dinámica, y con esta formación tenemos una respuesta para casi cualquier escenario posible”, dijo Patxi Vila, director deportivo del equipo en el Tour de Francia.
La escuadra oceánica Jayco-AlUla confirmó su alineación para afrontar el Tour de Francia 2026, en la que contarán con Ben O’Connor y Michael Matthews, ganadores de etapa en la carrera francesa. Ellos dos, junto al suizo Mauro Schmid y el australiano Luke Plapp serán las principales bazas del equipo.
Junto a ellos fueron escogidos para la segunda grande de la temporada, el alemán Pascal Ackermann, que cuenta con cinco victorias en Grandes Vueltas y será la gran carta del equipo para las llegadas masivas, a su lado estará su compatriota Felix Engelhardt, quien debutará en la ronda gala.
Otro de los debutantes será el medallista de oro olímpico Kell O’Brien. Completando la lista tenemos al experimentado australiano Luke Durbridge, una pieza clave del equipo que completará doce participaciones en el Tour a sus 35 años.
“Estamos muy entusiasmados con el equipo que hemos formado para el Tour de Francia de este año. Esta alineación cuenta con ciclistas capaces de competir en cada etapa durante las tres semanas, desde las etapas llanas de sprint hasta las de montaña. Siempre es un reto formar un equipo para la carrera más importante del calendario, hay que tomar decisiones importantes, pero creemos que, entre el equipo de rendimiento y los directores deportivos, hemos seleccionado un ocho verdaderamente competitivo”, dijo Gene Bates, jefe de rendimiento de la formación oceánica, en declaraciones recogidas por su equipo.
Nómina del Team Jayco AlUla para el Tour de Francia 2026
Ben O’Connor (Australia) – quinta participación Michael Matthews (AUS) – novena participación Luke Plapp (AUS) – segunda participación Mauro Schmid (SUI) – segunda participación Pascal Ackermann (ALE) – tercera participación Luke Durbridge (AUS) – duodécima participación Felix Engelhardt (ALE) – debutante Kelland O’Brien (AUS) – debutante
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