La segunda etapa del Tour del Lago Taihu 2024 quedó en manos de Steffen De Schuyteneer (Lotto Dstny). El joven pedalista belga fue el más rápido en la definición y logró la victoria, luego de recorrer 78,6 kilómetros por los alrededores de Qidong.
De Schuyteneer, que alcanzó su cuarta victoria de la temporada, superó en el embalaje a los estonios Rait Arm (Van Rysel – Roubaix) y a Martin Laas (Ferei Quick-Panda Podium Mongolia Team), quienes entraron 2° y 3°, respectivamente.
Con relación a cinco los colombianos del Team Medellín-EPM en competencia, todos llegaron en el pelotón principal con el mismo tiempo del ganador. El mejor volvió a ser Christian Tamayo esta vez en la casilla 21°.
En cuanto a la clasificación general, el estonio Martin Laas (Ferei Quick-Panda Podium Mongolia Team) mantuvo el liderato de la carrera. El segundo puesto lo ocupa el belga Steffen De Schuyteneer (Lotto Dstny) a 3 segundos del líder. Mientras que el colombo-español Óscar Sevilla (Team Medellín-EPM) subió al 8° puesto.
La carrera china continuará este viernes con la tercera etapa, de las cinco pactadas, otra jornada llana por los alrededores de Wujiang con un recorrido corto de 116,8 kilómetros.
Tour of Taihu Lake (2.Pro) Resultados Etapa 2 | Qidong – Qidong (78,6 km)
Tras su séptima participación en la París-Roubaix, a Wout van Aert (Team Visma | Lease a Bike) por fin se le dio la victoria en la ‘Clásica de Clásicas’ tras un duelo espectacular con Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG).
El todoterreno belga fue el más rápido en un sprint a dos en el legendario velódromo de Roubaix, relegando al campeón del mundo al segundo lugar tras un esfuerzo descomunal en los últimos kilómetros.
El podio lo completó el belga Jasper Stuyven (Soudal Quick-Step), dejando en el cuarto lugar al máximo favorito, el neerlandés Mathieu van der Poel (Alpecin-Premier Tech). El top 5 lo cerró el francés Christophe Laporte (Team Visma | Lease a Bike).
El único colombiano en competencia, el sprinter boyacense Juan Sebastián Molano (UAE Team Emirates) no concluyó la prueba. El pedalista paipano lleva dos ediciones consecutivas sin terminar, de las cuatro en las que ha participado.
Hay victorias que se celebran, y hay otras que se parecen a una resurrección. La de Wout van Aert en la París-Roubaixfue exactamente eso: una escena salida de El Renacido, la película de Alejandro González Iñárritu, en la que un trampero y explorador del siglo XIX no sobrevive porque la vida o la suerte le sonrían, sino porque se niega a morir antes de tiempo.
Durante meses, el belga pareció arrastrarse entre la niebla de las caídas, la presión, las dudas y esas derrotas incómodas para un campeón de su talla. Pero este domingo, en el infierno de los adoquines, volvió del frío, del dolor de la maldita caída en La Vuelta 2024 y de sus propios fantasmas para firmar en el añejo velódromo de Roubaix una de las victorias más impresionantes, emotivas y redentoras de su ya brillante carrera.
Fue en el sector 12, entre Auchy-lez-Orchies y Bersée, donde Wout van Aert decidió que ya había esperado suficiente. En uno de esos tramos donde París-Roubaix se vuelve más infernal que ninguna otra carrera en el universo, el belga tomó la iniciativa, endureció la prueba, se sacudió a Pedersen y se llevó al alienígena Tadej Pogacar soldado a su rueda.
Ahí empezó a tomar forma la batalla que todos soñábamos: dos gigantes solos frente al adoquín, midiéndose a golpe de pedales, dos pura sangre cabeza a cabeza, todavía con casi 100 kilómetros y un mar de piedras por delante.
En El Renacido, Hugh Glass es despedazado por un oso, enterrado vivo, lanzado al abismo con su caballo y obligado a atravesar a pie un desierto de hielo y temperaturas bajo cero. Así también Pogacar y Van der Poel parecieron quedar a merced del infierno en plena París-Roubaix.
El esloveno vio cómo un pinchazo, cuando aún faltaban cerca de 120 kilómetros, amenazaba con desbaratar su ambición, mientras que el neerlandés, triple campeón defensor, sufrió una avería mecánica en el temible Bosque de Arenberg que lo obligó a perseguir durante buena parte de la jornada. A uno lo golpeó la mala fortuna; al otro, el corazón mismo del adoquín. Y, sin embargo, ambos siguieron avanzando como sobrevive Glass en la novela de Michael Punke: heridos, exhaustos, empujados al límite, pero con el orgullo intacto, ese que le impide a un ciclista de verdad abandonar una carrera.
Como Hugh Glass y John Fitzgerald persiguiéndose a través de la inmensidad salvaje de Wyoming, Montana y Dakota del Norte, también Wout van Aert y Tadej Pogacar se fueron cazando el uno al otro a través del infierno de París-Roubaix: dos gigantes empujados por el orgullo, la obsesión y la necesidad de sobrevivir al día más cruel del ciclismo. Pero en el viejo velódromo de Roubaix, allí donde los héroes dejan de ser hombres comunes para convertirse en leyenda, fue el belga quien logró doblegar a su rival y salir con vida de la batalla.
Y así como Glass terminó inspirando relatos que atravesaron generaciones hasta convertirse en novela y cine, también Van Aert firmó una victoria destinada a perdurar en la memoria del ciclismo, una de esas que se cuentan durante décadas porque no solo coronan a un campeón: también alimentan los mitos.
Cuando Wout van Aert cruzó la meta en el velódromo de Roubaix, ya no levantó solo los brazos de un campeón que acababa de sobrevivir al infierno. Levantó también el recuerdo de un amigo que nunca salió de allí. Su gesto hacia el cielo tuvo el peso de la memoria y del dolor que permanece: el de Michael Goolaerts, su compañero y amigo que en la París-Roubaix del 2018 y con solo 23 años encontró en estos mismos adoquines su último día. Ocho años después, Van Aert convirtió su victoria en homenaje, y en medio de la gloria le recordó al ciclismo que hay triunfos que no terminan en la línea de meta.
Como un homenaje a todos los pedalistas suramericanos que han logrado finalizar uno de los monumentos más difíciles en la historia del ciclismo, conocido como el ‘Infierno del Norte‘, le presentamos a todos nuestros lectores el listado con los corredores de la región que han entrado en la historia de las París-Roubaix, como los únicos ciclistas de Suramérica en terminar la ‘Clásica de Clásicas‘. Hasta el momento es una carrera que jamás ha tenido un podio de un latinoamericano.
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