En una gran actuación, Louis Meintjes ganó la 83ª edición del Giro dell’Appennino. El sudafricano se alejó de sus nueve compañeros de fuga a siete kilómetros de la meta y logró la victoria en solitario. Natnael Tesfatsion ganó el sprint por el segundo lugar, Georg Zimmermann completó la fiesta del Intermarché-Wanty-Gobert al terminar tercero. El mejor colombiano fue Jeisson Casallas (Colombia Tierra de AtletasGW Shimano) en la casilla 15 a más de 4 minutos del ganador.
Al igual que el año pasado, el Giro dell’Appennino comenzó en Pasturana. Primero se hizo una vuelta local relativamente plana. Luego, se dirigió a la primera subida del día, el Fraconalto (5,5 km al 6,8%), para más adelante afrontar la Crocefieschi (5 km al 6,7 %), la Crocetta d’Orero (5,2 km al 5,5 %), Pietravalazzara (6,2 % km al 7,7 %) y en el tramo final la Madonna della Guardia (6,9 km al 7,9 %), la última subida del día, a más de 25 kilómetros para el final.
La primer fuga del día la protagonizaron Paul Wright (Mg.K Vis-Color for Peace-VPM), Lukas Meiler (Team Vorarlberg), Alessandro Monaco (Biesse-Carrera), Gabriele Petrelli (Equipo ciclista Friuli ASD), Kyrylo Tsarenko (Gallina Ecotek Lucchini Colosio) y Davide Baldaccini (Team Corratec), pero llegando los 50 kilómetros finales fueron cazados por el lote principal.
Cuando los últimos escapados fueron atrapados se vino otro contraataque con el colombiano Dayer Quintana (Arkéa-Samsic), Sebastian Berwick (Israel-Premier Tech), Louis Meintjes (Intermarché-Wanty-Gobert) y Alexis Guerin (Team Vorarlberg), sin embargo, este intento de fuga duró poco.
En las laderas del Pietravalazzara, después de más de 140 kilómetros, un grupo con quince ciclistas consiguió separarse en esta subida. El colombiano Santiago Umba(Dronne Hopper Androni Giocattoli) integró la fuga con los hombres del Intermarché-Wanty-Gobert: Meintjes, Quinten Hermans, Lorenzo Rota y Georg Zimmermann, quienes estuvieron acompañados de Simon Clarke, Paul Double, Andrea Garosio, Alessio Martinelli, Iván Moreno, Natnael Tesfatsion, Michel Ries, Alessandro Verre y Nicolas Edet.
En la Madonna della Guardia, el último ascenso del día, Umba no resistió el paso y le perdió la rueda a sus compañeros de fuga. Tesfatsion, Hermans, Clarke y Meintjes se fueron por delante, sin embargo, los perseguidores los mantuvieron cerca y pronto vimos un reagrupamiento.
En el tramo final hacia Génova, Ries, Verre, Meintjes, Tesfatsion Clarke y Martinelli, rodaron juntos los últimos quince kilómetros, mayoritariamente planos. La cooperación en el grupo delantero, no fue tan fluida y otros tres ciclistas más lograron regresar desde atrás.
Zimmermann decidió atacar casi inmediatamente después de su regreso, con la esperanza de sorprender a sus competidores, pero al alemán no le dieron ningún espacio. Más adelante su compañero de equipo Meintjes hizo una nueva aceleración. El sudafricano atacó a siete kilómetros para el final y logró distanciarse para llevarse la su primera victoria de la temporada. El sprint por el segundo puesto lo ganó Tesfatsion, por delante de Zimmermann y Clarke.
Hay victorias que se celebran, y hay otras que se parecen a una resurrección. La de Wout van Aert en la París-Roubaixfue exactamente eso: una escena salida de El Renacido, la película de Alejandro González Iñárritu, en la que un trampero y explorador del siglo XIX no sobrevive porque la vida o la suerte le sonrían, sino porque se niega a morir antes de tiempo.
Durante meses, el belga pareció arrastrarse entre la niebla de las caídas, la presión, las dudas y esas derrotas incómodas para un campeón de su talla. Pero este domingo, en el infierno de los adoquines, volvió del frío, del dolor de la maldita caída en La Vuelta 2024 y de sus propios fantasmas para firmar en el añejo velódromo de Roubaix una de las victorias más impresionantes, emotivas y redentoras de su ya brillante carrera.
Fue en el sector 12, entre Auchy-lez-Orchies y Bersée, donde Wout van Aert decidió que ya había esperado suficiente. En uno de esos tramos donde París-Roubaix se vuelve más infernal que ninguna otra carrera en el universo, el belga tomó la iniciativa, endureció la prueba, se sacudió a Pedersen y se llevó al alienígena Tadej Pogacar soldado a su rueda.
Ahí empezó a tomar forma la batalla que todos soñábamos: dos gigantes solos frente al adoquín, midiéndose a golpe de pedales, dos pura sangre cabeza a cabeza, todavía con casi 100 kilómetros y un mar de piedras por delante.
En El Renacido, Hugh Glass es despedazado por un oso, enterrado vivo, lanzado al abismo con su caballo y obligado a atravesar a pie un desierto de hielo y temperaturas bajo cero. Así también Pogacar y Van der Poel parecieron quedar a merced del infierno en plena París-Roubaix.
El esloveno vio cómo un pinchazo, cuando aún faltaban cerca de 120 kilómetros, amenazaba con desbaratar su ambición, mientras que el neerlandés, triple campeón defensor, sufrió una avería mecánica en el temible Bosque de Arenberg que lo obligó a perseguir durante buena parte de la jornada. A uno lo golpeó la mala fortuna; al otro, el corazón mismo del adoquín. Y, sin embargo, ambos siguieron avanzando como sobrevive Glass en la novela de Michael Punke: heridos, exhaustos, empujados al límite, pero con el orgullo intacto, ese que le impide a un ciclista de verdad abandonar una carrera.
Como Hugh Glass y John Fitzgerald persiguiéndose a través de la inmensidad salvaje de Wyoming, Montana y Dakota del Norte, también Wout van Aert y Tadej Pogacar se fueron cazando el uno al otro a través del infierno de París-Roubaix: dos gigantes empujados por el orgullo, la obsesión y la necesidad de sobrevivir al día más cruel del ciclismo. Pero en el viejo velódromo de Roubaix, allí donde los héroes dejan de ser hombres comunes para convertirse en leyenda, fue el belga quien logró doblegar a su rival y salir con vida de la batalla.
Y así como Glass terminó inspirando relatos que atravesaron generaciones hasta convertirse en novela y cine, también Van Aert firmó una victoria destinada a perdurar en la memoria del ciclismo, una de esas que se cuentan durante décadas porque no solo coronan a un campeón: también alimentan los mitos.
Cuando Wout van Aert cruzó la meta en el velódromo de Roubaix, ya no levantó solo los brazos de un campeón que acababa de sobrevivir al infierno. Levantó también el recuerdo de un amigo que nunca salió de allí. Su gesto hacia el cielo tuvo el peso de la memoria y del dolor que permanece: el de Michael Goolaerts, su compañero y amigo que en la París-Roubaix del 2018 y con solo 23 años encontró en estos mismos adoquines su último día. Ocho años después, Van Aert convirtió su victoria en homenaje, y en medio de la gloria le recordó al ciclismo que hay triunfos que no terminan en la línea de meta.
Tras su séptima participación en la París-Roubaix, a Wout van Aert (Team Visma | Lease a Bike) por fin se le dio la victoria en la ‘Clásica de Clásicas’ tras un duelo espectacular con Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG).
El todoterreno belga fue el más rápido en un sprint a dos en el legendario velódromo de Roubaix, relegando al campeón del mundo al segundo lugar tras un esfuerzo descomunal en los últimos kilómetros.
El podio lo completó el belga Jasper Stuyven (Soudal Quick-Step), dejando en el cuarto lugar al máximo favorito, el neerlandés Mathieu van der Poel (Alpecin-Premier Tech). El top 5 lo cerró el francés Christophe Laporte (Team Visma | Lease a Bike).
El único colombiano en competencia, el sprinter boyacense Juan Sebastián Molano (UAE Team Emirates) no concluyó la prueba. El pedalista paipano lleva dos ediciones consecutivas sin terminar, de las cuatro en las que ha participado.
En un final pasado por la lluvia, Paul Seixas (Decathlon CMA CGM Team) defendió su liderato en la última jornada y se consagró campeón de la edición 65 de la Vuelta al País Vasco. El joven corredor francés, que mostró su supremacía en las jornadas montañosas, terminó ganando tres etapas en la denominada Itzulia.
El podio de la ronda vasca lo completaron el alemán Florian Lipowitz (Red Bull-BORA-hansgrohe) y el noruego Tobias Halland Johannessen (Uno-X Mobility), quienes terminaron en el 2° y 3°, puesto respectivamente.
En cuanto a los colombianos, el mejor fue el huilense Harold Tejada (XDS Astana Team) quien pasó un día difícil en la última jornada, reportándose en la casilla 53° a más de 20 minutos del ganador, lo que le significó salir del top 10 de la general.
La lluviosa jornada final concluyó con otro duelo entre los clasicómanos y los escaladores donde Brandon Rivera fue uno de los protagonistas de la fuga inicial, sin embargo, el zipaquireño del Ineos Grenadiers cedió en la fase definitiva y llegó en el puesto 34° a 9:53.
La última etapa de la carrera española la ganó el estadounidense Andrew August (INEOS Grenadiers), quien terminó llevándose la victoria en los últimos 135,2 kilómetros.
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