Janier Acevedo (EPM) fue este jueves el triunfador de la primera etapa de la Vuelta al Tolima disputada entre Chaparral e Ibagué (Buenos Aires) sobre 130 kilómetros. El antioqueño superó en un apretado final a Miguel Rubiano (Coldeportes-Zenú) que por las bonificaciones en los sprints de la jornada se vistió con la primera camiseta de líder general.
El día estuvo marcadao casi de salida por una escapada de once corredores que nunca pudo ser neutralizada por el gran grupo y de la cual finalmente salieron el ganador de etapa y el primer líder del giro tolimense.
Walter Pedraza, Diego Soracá, Oscar Rivera, Miguel Mogollón, Luis Martínez, John Iguavita, Wilmer Castro, Fernando Orjuela y John Anderson Rodríguez integraron la gran fuga junto a Acevedo y Rubiano, en un grupo que al final de la jornada se repartió la totalidad del podio.
Este viernes segunda etapa del giro tolimense entre Ibagué y puerto de montaña de primera categoría en Murillo sobre 128 kilómetros, con pasos previos por puertos en Venadillo (4ª), La Sierra (4ª), El Convenio (2ª) y La Virgen (1ª).
Conocí a Greg LeMond en 1982, cuando todavía era aquel joven estadounidense que empezaba a abrirse paso en el ciclismo europeo con el poderoso equipo Renault. Fue durante el Tour del Avenir, una carrera que por entonces servía como laboratorio de grandes campeones y en la que también estuvo presente un equipo colombiano encabezado por Luis Alberto “Lucho” Herrera. Allí comenzó para mí la imagen de un corredor distinto: moderno en su manera de correr, abierto en el trato y con una personalidad que ya anunciaba grandes páginas para la historia.
Un año después, en 1983, lo vi consagrarse como campeón mundial de ruta, confirmando que no se trataba de una promesa pasajera sino de un corredor llamado a cambiar el mapa del ciclismo internacional. LeMond representaba una nueva frontera para un deporte dominado históricamente por Europa: venía de Estados Unidos, hablaba con claridad, corría con valentía y se movía en el pelotón con la naturalidad de quienes nacen para competir en las grandes pruebas.
En 1984 tuvimos la oportunidad de invitarlo al Clásico RCN con su equipo Renault, una presencia de enorme categoría para el ciclismo colombiano. Su actuación fue destacada y su paso por nuestras carreteras dejó una huella especial, porque LeMond siempre mostró respeto y admiración por Colombia, por sus corredores y por esa afición que entendía el ciclismo como una pasión popular. No era una visita más: era el encuentro entre una figura mundial y un país que empezaba a mostrarle al mundo la fuerza de sus escarabajos.
Luego estuve presente en sus grandes victorias del Tour de Francia, primero en 1986, cuando se convirtió en el primer corredor no europeo en ganar la carrera más importante del mundo. Aquel triunfo tuvo también el sabor de una batalla interna inolvidable con Bernard Hinault, su compañero de equipo y una de las leyendas mayores del ciclismo francés. LeMond ganó el Tour con carácter, inteligencia y una serenidad competitiva que lo instaló definitivamente entre los grandes.
Pero si hay una imagen que resume su dimensión épica, esa fue la del Tour de Francia de 1989. Dos años antes había estado al borde de la muerte por un terrible accidente de caza, cuando recibió disparos de perdigones que comprometieron gravemente su vida y su carrera. Muchos pensaron que no volvería al máximo nivel, pero regresó para protagonizar una de las gestas más dramáticas que se recuerdan: ganar el Tour por apenas 8 segundos sobre Laurent Fignon en la contrarreloj final hacia París.
Ese LeMond que conocí fue siempre un hombre expresivo, dueño de una recia personalidad, claro en sus conceptos y dispuesto con los medios de comunicación. No era un campeón distante. Hablaba, explicaba, opinaba y defendía sus ideas con firmeza. En una época en la que muchos corredores preferían el silencio, él entendía que el ciclismo también se construía desde la palabra, desde la transparencia y desde la defensa de aquello que consideraba justo.
Con el paso de los años, LeMond se convirtió también en una de las voces más firmes contra el dopaje y en un crítico frontal de Lance Armstrong, al que enfrentó públicamente cuando hablar de esos temas significaba incomodidad, presión y aislamiento. Su postura lo mostró como un campeón incómodo para algunos, pero necesario para un deporte que debía mirarse al espejo. En esa batalla, LeMond volvió a demostrar el mismo coraje que había mostrado sobre la bicicleta.
Greg LeMond terminó su carrera deportiva en 1994 y después trasladó su nombre al mundo empresarial con su propia marca de bicicletas. Hoy, al cumplir 65 años, su historia sigue siendo la de un pionero: el estadounidense que abrió una puerta en el Tour de Francia, el campeón mundial que admiró el ciclismo colombiano, el sobreviviente que regresó de la tragedia y el hombre que entendió que la grandeza no se mide solo en victorias, sino también en la forma de defender la verdad del ciclismo.
El Movistar Team Academy continúa reforzando su apuesta por el talento joven con la incorporación del colombiano Jerónimo Calderón y el español Raúl López para las temporadas 2027 y 2028. Ambos corredores se sumarán a la estructura de desarrollo de la escuadra telefónica, fortaleciendo un proyecto que apuesta por la formación y el crecimiento de jóvenes ciclistas con proyección internacional.
Calderón llega procedente del Team Sistecrédito tras consolidarse como uno de los corredores más prometedores del ciclismo colombiano. Su versatilidad y sus destacadas prestaciones sobre la bicicleta de contrarreloj le han permitido destacar tanto a nivel nacional como internacional.
A sus 18 años, el corredor antioqueño ya cuenta con un palmarés notable. En 2024 se proclamó campeón de la contrarreloj de los Juegos Nacionales Juveniles de Colombia y conquistó la medalla de plata en la prueba contrarreloj de los Juegos Bolivarianos de la Juventud. Un año después confirmó su progresión al conquistar el título panamericano júnior de contrarreloj y destacar también en competiciones internacionales de primer nivel.
“Mis inicios en el ciclismo fueron hace tres años. Yo era patinador y empecé a utilizar la bicicleta como un entrenamiento más, aunque desde muy pequeño me gustaba este deporte. Por parte de mi padre siempre ha existido una gran afición por el ciclismo; él compitió en MTB y varios de mis primos llegaron a correr a nivel profesional”, explica Calderón, cuya familia ha estado siempre muy vinculada al mundo de la bicicleta.
Antes de centrarse plenamente en el ciclismo, Calderón practicó durante varios años el patinaje, disciplina en la que también cosechó buenos resultados. Su capacidad para rendir tanto en la montaña como en las pruebas contrarreloj, unida a su rápida evolución competitiva, le han permitido llamar la atención y dar ahora el salto al ciclismo europeo de la mano de Movistar Team Development.
“Cuando terminé mi etapa en el patinaje decidí centrarme en el ciclismo y perseguir el sueño de convertirme en ciclista profesional. Poco a poco fui acumulando experiencia y victorias hasta tener la oportunidad de dar el salto a Europa, que era mi gran sueño”, agregó el antioqueño.
El director deportivo del proyecto, Sebastián Unzué, celebró las nuevas contrataciones: “Estamos muy contentos de dar la bienvenida a Jerónimo y a Raúl a nuestro equipo. Son dos corredores de gran calidad y talento, con un potencial muy prometedor. No tengo dudas de que Movistar Team Academy es el lugar ideal para que sigan creciendo, y estoy convencido de que en los próximos años les veremos hacer grandes cosas”.
Con estas incorporaciones, Movistar Team Academy refuerza su compromiso con la formación de jóvenes talentos y suma a su estructura dos corredores con una notable proyección de futuro, llamados a continuar su desarrollo deportivo dentro de un entorno orientado al alto rendimiento y al crecimiento a largo plazo.
El próximo sábado 4 de julio, Barcelona escribirá una de las páginas más importantes de su relación con el ciclismo mundial. Por primera vez en la historia, la capital catalana será escenario del Grand Départ del Tour de France, un acontecimiento que situará a la ciudad en el centro neurálgico de la carrera ciclista por etapas más prestigiosa del planeta y que reforzará su trayectoria como sede de grandes eventos deportivos internacionales.
La elección de Barcelona no es un hecho aislado, sino la consolidación de una relación construida durante décadas entre la ciudad, su gente y el Tour de Francia. Junto con Tarragona, Granollers y otras localidades catalanas, la ciudad condal protagonizará un inicio de carrera que pondrá en valor la diversidad del paisaje, la riqueza cultural y la capacidad organizativa de Cataluña, en una salida que combinará deporte, territorio y proyección global.
El Tour de Francia es mucho más que una competición ciclista. Con más de 120 años de historia y 113 ediciones, se ha convertido en una cita universal del deporte, una celebración del esfuerzo colectivo y un fenómeno cultural seguido en más de 190 países. Su dimensión mediática y social lo convierte cada año en una plataforma incomparable para mostrar al mundo los territorios que acogen su recorrido.
Desde su primera edición en 1903, el Tour ha evolucionado hasta convertirse en un símbolo del ciclismo como deporte de equipo, resistencia y superación. Su inicio anual, el Grand Départ, ha dejado de ser únicamente el punto de partida de la carrera para transformarse en una vitrina cultural, paisajística y económica para las ciudades anfitrionas, que encuentran en el Tour de France una oportunidad única de conexión con millones de aficionados.
Barcelona ya había recibido al Tour de Francia en tres ocasiones anteriores, en 1957, 1965 y 2009, siempre con un protagonista común: la gente. En cada paso de la carrera, las calles se llenaron de expectación, actividades y compromiso ciudadano, confirmando que el vínculo entre la ciudad y la ronda francesa no se construye solo sobre el asfalto, sino también sobre la emoción de una afición que ha sabido convertir cada visita en una verdadera fiesta.
La primera llegada del Tour a Barcelona se produjo el 12 de julio de 1957, cuando la carrera cruzó la frontera para finalizar una etapa en la ciudad después de un exigente recorrido desde Perpiñán. Los ciclistas culminaron la jornada en el Estadio de Montjuïc, ante una gran expectación popular. Aquel día se abrió un vínculo nuevo entre Barcelona y la prueba más reconocida del ciclismo internacional.
Ocho años después, el 2 de julio de 1965, el Tour de Francia volvió a Barcelona en una jornada que quedó marcada por la hazaña de José Pérez Francés. El corredor completó en solitario los 221 kilómetros desde Ax-les-Thermes, pasando por el collado de Toses, y logró una victoria memorable en Montjuïc. Su triunfo tuvo un fuerte eco entre la afición catalana y reforzó el carácter deportivo y simbólico de la ciudad.
El 9 de julio de 2009, Barcelona volvió a recibir al Tour con una etapa de recorrido íntegramente catalán que partió desde Gerona y concluyó nuevamente en Montjuïc con la victoria del noruego Thor Hushovd. La presencia de un público numeroso y participativo volvió a demostrar la capacidad de la ciudad para acoger grandes eventos con vocación internacional, manteniendo vivo un escenario que ya forma parte de la memoria ciclista barcelonesa.
En 2026, esa historia dará un paso definitivo. Entre el 4 y el 6 de julio, Barcelona será por primera vez el punto de partida oficial del Tour de France. La ciudad ofrecerá un Grand Départ con una etapa inaugural 100% urbana, atravesando con una contrarreloj por equipos lugares emblemáticos como la Sagrada Família, el Paseo de Gràcia y Montjuïc. Este último, escenario habitual de llegadas y espacio clave de la actividad deportiva de la ciudad, simbolizará una vez más el vínculo entre territorio y deporte.
Como antesala de este momento histórico, Barcelona ya calienta motores con la Festa del Tour, una gran celebración ciudadana que del 26 de junio al 5 de julio llenará los diez distritos con más de 70 actividades gratuitas. Con conciertos, espectáculos itinerantes, cultura popular, gastronomía, comercio, mercados, actividades familiares y propuestas vinculadas al mundo de la bicicleta, la ciudad se prepara para vivir el Tour de Francia 2026 no solo como una carrera, sino como una fiesta colectiva que confirma que Barcelona y el ciclismo siguen pedaleando juntos hacia el futuro.
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