Con ocasión de la fecha histórica en la que Cochise Rodríguez ganó la primera etapa de una ciclista colombiano en una de las tres grandes carreras del mundo (Giro de Italia), hemos querido recordarla, reeditando y actualizando con nuestro director Héctor Urrego y el periodista Andrés Piedrahita, este acontecimiento apasionante y clave en el desarrollo del ciclismo colombiano en estos 50 años.
La historia del ciclismo colombiano en el Giro de Italia comenzó en 1972, un par de meses después de los Juegos Olímpicos de Múnich, en los que el mejor ciclista del país fuese sancionado por el Comité Olímpico Internacional que le impidió tomar parte en la olimpiada alemana por una denuncia hecha desde su propio país por el dirigente Edgar A. Sénior quien envió fotos que mostraban a Cochise luciendo la insignia de la marca de bicicletas Benotto en México.
En ese entonces reinaba todavía el mal llamado “amateurismo” y Cochise cometió el pecado de lucir una marca comercial, lo que estaba prohibido a esta clase de deportistas.
Cochise había sido en 1971 Campeón Mundial de los 4.000 metros en la pista de Varese en Italia y un año antes había conseguido el Récord Mundial de La Hora en Pista, precisamente en México. Esto lo colocaba como favorito a una medalla en la pista de Múnich pero esa denuncia se lo impidió, por lo que su entrenador, el italiano Claudio Costa y su hermano Guido, contactaron al equipo Bianchi Campagnolo a fin de buscarle a su pupilo un contrato como corredor profesional al lado de la entonces estrella mundial e italiana, Felice Gimondi, máximo rival del súper astro y mejor ciclista de todos los tiempos, Eddy Merckx.
De este modo y prácticamente forzado por las circunstancias, apareció a comienzos de 1973, Martín ‘Cochise’ Rodríguez en Bérgamo (Italia) con su actual esposa María Cristina Correa, para emprender una nueva faceta de su carrera deportiva, que le llevaría hacia el estrellato mundial por sus logros y con ellos también al ciclismo colombiano. Hoy, 50 años después, el propio Cochise recuerda para los lectores de la Revista Mundo Ciclístico su llegada a Italia “Con mucha expectativa y emoción, también con mucho pelo que inmediatamente debí cortarme por órdenes del cuerpo técnico del equipo. Yo era mirado con curiosidad pues si bien había sido campeón mundial en la pista y record de la hora, también había ganado la Vuelta a Colombia, Clásico RCN, etc., la verdad era que nuestro ciclismo en el campo profesional era inexistente y más bien nosotros veíamos a estos grandes ruteros como marcianos”.
Hoy, cuando se cumplen cinco décadas de la participación inicial de un ‘escarabajo’ en la Corsa Rosa es bueno recordar que todo comenzó el 18 de mayo de 1973 (era viernes), gracias a la participación del antioqueño Martín Emilio Cochise Rodríguez Gutiérrez, uno de los 10 corredores que Vittorio Adorni, entrenador del equipo italiano Bianchi–Campagnolo (recientemente fallecido), inscribió para aquella edición 56, con salida en Verviers (Bélgica) y final tres semanas después en Trieste. Cochise era el segundo corredor colombiano profesional en la historia, luego de su paisano Giovanni Jiménez, quien llevaba cerca de una década allá.
Martín había tomado parte en cinco carreras con positivo balance, por lo cual, Adorni consideró que estaba listo para un reto inédito para él y para cualquier colombiano como el tomar la salida en una de las Grandes Vueltas del planeta: el Giro de Italia. La súper estrella de la época y de la carrera, el belga Eddy Merckx iba a defender el título de la Corsa Rosacon el fin de ganar su cuarta corona, lo que finalmente consiguió.
Tras dos semanas de competencia, un giorno di riposo (descanso) y 2.937 kilómetros recorridos, Cochise se robó el protagonismo el domingo 3 de junio al vencer en la jornada Florencia–Forte dei Marmi, la decimoquinta. Faltando dos kilómetros partió y cruzó la meta después de los 150 kilómetros seguido por su compañero Marino Basso, campeón mundial de Gran Fondo en Carretera, quien encabezó el gran lote.
La agencia noticiosa AFP en aquel entonces (el twitter de hoy), registró la noticia de la siguiente manera: “Triunfó debido a sus condiciones físicas, pero –sobretodo– a su habilidad. Nadie contaba con Cochise. El colombiano, recordando su calidad de pistero, aceleró en forma fulminante. (…) La brutal arrancada sorprendió a todos, cuando reaccionaron, él ya volaba hacia la victoria. Se lanzaron para intentar dar alcance al intruso que se entrometía en las competencias reservadas, generalmente, a velocistas reputados.
Al año siguiente, Cochise participó por segunda ocasión, pero no como único colombiano, lo acompañó el boyacense Rafael Antonio Niño Munévar, quien corrió para Jolly Cerámica, igualmente en calidad de coequipero, esa vez del italiano Giovanni Battaglin.
El sábado 17 de mayo de 1975, en Milán, el paisa arrancó su tercera y última presencia en el Giro de Italia y la gloria volvió a abrazarlo el jueves 5 de junio en la decimonovena jornada, Baselga di Piné–Pordenone, al triunfar por segunda vez en la Corsa Rosa. Desde los 36 kilómetros se fugó, llegó a tener 15 minutos a su favor, pero finalmente venció al italiano Adriano Pella en la raya.
Después de un meritorio descanso y luego de tres años con Bianchi, el 26 de noviembre pensó: “es hora de retornar al país”. A bordo del barco Rossini, llegó a Cartagena el domingo 14 de diciembre. Nadie hizo reclamos y para 1976 por arte de lo que el tiempo hace olvidar, otra vez se volvió aficionado, se reintegró al pelotón nacional, volvió a competir en la Vuelta a Colombia y también en la pista rivalizando ya con otra generacion que se inspiraba en él y cuando dejó de competir siguió siendo ciclista pues aún hoy pedalea diariamente en el aeroparque de Medellin.
Intentó ser entrenador de equipos, ha sido y es imagen de marcas y equipos, fue declarado el DEPORTISTA DEL SIGLO XX EN COLOMBIA. Hoy, 50 años después, sigue siendo un personaje de la vida y del deporte nacional, vigente, reconocido y recordado por millones de compatriotas pues finalmente fue el pionero, el hombre que abrió el camino de las participaciones y de las victorias colombianas en el Giro de Italia: Martín Emilio Cochise Rodríguez Gutiérrez.
Hay victorias que se celebran, y hay otras que se parecen a una resurrección. La de Wout van Aert en la París-Roubaixfue exactamente eso: una escena salida de El Renacido, la película de Alejandro González Iñárritu, en la que un trampero y explorador del siglo XIX no sobrevive porque la vida o la suerte le sonrían, sino porque se niega a morir antes de tiempo.
Durante meses, el belga pareció arrastrarse entre la niebla de las caídas, la presión, las dudas y esas derrotas incómodas para un campeón de su talla. Pero este domingo, en el infierno de los adoquines, volvió del frío, del dolor de la maldita caída en La Vuelta 2024 y de sus propios fantasmas para firmar en el añejo velódromo de Roubaix una de las victorias más impresionantes, emotivas y redentoras de su ya brillante carrera.
Fue en el sector 12, entre Auchy-lez-Orchies y Bersée, donde Wout van Aert decidió que ya había esperado suficiente. En uno de esos tramos donde París-Roubaix se vuelve más infernal que ninguna otra carrera en el universo, el belga tomó la iniciativa, endureció la prueba, se sacudió a Pedersen y se llevó al alienígena Tadej Pogacar soldado a su rueda.
Ahí empezó a tomar forma la batalla que todos soñábamos: dos gigantes solos frente al adoquín, midiéndose a golpe de pedales, dos pura sangre cabeza a cabeza, todavía con casi 100 kilómetros y un mar de piedras por delante.
En El Renacido, Hugh Glass es despedazado por un oso, enterrado vivo, lanzado al abismo con su caballo y obligado a atravesar a pie un desierto de hielo y temperaturas bajo cero. Así también Pogacar y Van der Poel parecieron quedar a merced del infierno en plena París-Roubaix.
El esloveno vio cómo un pinchazo, cuando aún faltaban cerca de 120 kilómetros, amenazaba con desbaratar su ambición, mientras que el neerlandés, triple campeón defensor, sufrió una avería mecánica en el temible Bosque de Arenberg que lo obligó a perseguir durante buena parte de la jornada. A uno lo golpeó la mala fortuna; al otro, el corazón mismo del adoquín. Y, sin embargo, ambos siguieron avanzando como sobrevive Glass en la novela de Michael Punke: heridos, exhaustos, empujados al límite, pero con el orgullo intacto, ese que le impide a un ciclista de verdad abandonar una carrera.
Como Hugh Glass y John Fitzgerald persiguiéndose a través de la inmensidad salvaje de Wyoming, Montana y Dakota del Norte, también Wout van Aert y Tadej Pogacar se fueron cazando el uno al otro a través del infierno de París-Roubaix: dos gigantes empujados por el orgullo, la obsesión y la necesidad de sobrevivir al día más cruel del ciclismo. Pero en el viejo velódromo de Roubaix, allí donde los héroes dejan de ser hombres comunes para convertirse en leyenda, fue el belga quien logró doblegar a su rival y salir con vida de la batalla.
Y así como Glass terminó inspirando relatos que atravesaron generaciones hasta convertirse en novela y cine, también Van Aert firmó una victoria destinada a perdurar en la memoria del ciclismo, una de esas que se cuentan durante décadas porque no solo coronan a un campeón: también alimentan los mitos.
Cuando Wout van Aert cruzó la meta en el velódromo de Roubaix, ya no levantó solo los brazos de un campeón que acababa de sobrevivir al infierno. Levantó también el recuerdo de un amigo que nunca salió de allí. Su gesto hacia el cielo tuvo el peso de la memoria y del dolor que permanece: el de Michael Goolaerts, su compañero y amigo que en la París-Roubaix del 2018 y con solo 23 años encontró en estos mismos adoquines su último día. Ocho años después, Van Aert convirtió su victoria en homenaje, y en medio de la gloria le recordó al ciclismo que hay triunfos que no terminan en la línea de meta.
Dos participaciones en la París-Roubaix y dos segundos puestos para la superestrella eslovena Tadej Pogacar. La racha de tres victorias consecutivas en Monumentos del campeón del mundo acabó por culpa del belga Wout van Aert (Visma–Lease a Bike), quien le ganó en un sprint a dos.
“Estoy orgulloso de todo el equipo. Fue una carrera muy difícil, tuve que cambiar de bicicleta dos veces y gastamos mucha energía intentando remontar, así que no pudimos seguir nuestro plan original. Aun así, logré volver a la cabeza de carrera”, dijo Pogacar, en declaraciones recogidas por su equipo.
El jefe de filas del UAE Team Emirates-XRG llegó decidido a conquistar el único Monumento que le faltaba en su palmarés, y su gran estado de forma se hizo evidente desde el principio, cuando la escuadra árabe impuso un ritmo frenético a 150 kilómetros de la meta, reduciendo significativamente el pelotón.
Pasando la mitad del recorrido, el esloveno sufrió un pinchazo en la rueda delantera. Tras recibir inicialmente una bici de asistencia neutral, posteriormente recibió la bicicleta de su equipo y emprendió una decidida remontada de 20 kilómetros para reincorporarse a la cabeza de carrera, justo antes del crucial sector del Bosque de Arenberg.
“Cuando Wout atacó, pude seguirle, pero no tenía suficiente energía en las piernas para descolgarle en el adoquín. Intenté contraatacar, pero corrió muy inteligentemente. Trabajamos bien juntos hasta la meta. Sabía que era muy rápido, así que el sprint siempre iba a ser difícil para mí. Di lo mejor de mí, pero hoy fue más fuerte y mereció la victoria. Sigo estando orgulloso y contento con el resultado”, concluyó el esloveno.
Tras su séptima participación en la París-Roubaix, a Wout van Aert (Team Visma | Lease a Bike) por fin se le dio la victoria en la ‘Clásica de Clásicas’ tras un duelo espectacular con Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG).
El todoterreno belga fue el más rápido en un sprint a dos en el legendario velódromo de Roubaix, relegando al campeón del mundo al segundo lugar tras un esfuerzo descomunal en los últimos kilómetros.
El podio lo completó el belga Jasper Stuyven (Soudal Quick-Step), dejando en el cuarto lugar al máximo favorito, el neerlandés Mathieu van der Poel (Alpecin-Premier Tech). El top 5 lo cerró el francés Christophe Laporte (Team Visma | Lease a Bike).
El único colombiano en competencia, el sprinter boyacense Juan Sebastián Molano (UAE Team Emirates) no concluyó la prueba. El pedalista paipano lleva dos ediciones consecutivas sin terminar, de las cuatro en las que ha participado.
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