Es difícil repetir una temporada tan exitosa como la que este año ha vivido Annemiek van Vleuten. La pedalista neerlandesa se impuso de forma increíble en la prueba de ruta femenina del Campeonato Mundial que se disputa en Wollongong (Australia), estando lesionada y sumó otro triunfo a su palmarés tras ganar el Giro de Italia Donne, el Tour de Francia Femmes, la Ceratizit Challenge by la Vuelta.
La corredora del Movistar, que conquistó su segundo maillot arcoíris tras el conseguido en 2019, sorprendió al grupo de favoritas en el último de los 164,3 kilómetros de recorrido. La belga Lotte Kopecky ganó el sprint del grupo perseguidor para llevarse la plata y Silvia Persico se llevó el bronce.
En cuanto a los colombianas, Paula Patiño fue la mejor de la pedalistas nacionales entrando en la casilla 28 a más de 4 minutos de la ganadora. Lina Marcela Hernández ocupó el puesto 66° y Diana Peñuela entró 69°, ambas entraron en grupo de rezagadas a más de 12 minutos de Van Vleuten. Mientras que Natalia Franco no terminó la prueba.
Antes de la salida en Helensburgh se conoció el retiro obligado de Demi Vollering, una de las favoritas para el título, por coronavirus. Una nueva decepción para Países Bajos tras la caída y posterior lesión de Annemiek van Vleuten en el Relevo Mixto.
El primer ataque del día vino por parte de una suiza, Elena Hartmann. Sin embargo, la pedalista de 31 años no la dejaron coger mucha ventaja. Luego lo intentó la francesa Gladys Verhulst, pero más adelante las dos fueron atrapadas por el lote en el Monte Keira.
Después del descenso llegó un poco de calma, pero duro poco, ya que Julie Van de Velde (Bélgica), Elynor Bäckstedt (Gran Bretaña) y Caroline Andersson (Suecia) se lanzaron al ataque. Cuando la distancia se amplió y rondó los dos minutos las ciclistas alemanes y australianas tomaron la iniciativa en la persecución, sin embrago fueron las italianas las que tomaron la delantera especialmente antes y durante los repechos.
A 54 kilómetros de la meta, los tres punteras fueron atrapados. Inmediatamente después, las australianas estuvieron muy activas con Amanda Spratt, Brodie Chapman, Grace Brown y Sarah Roy, lanzando varios ataques, pero sin mucho éxito.
En la penúltima ascensión al Mount Pleasant, Katarzyna Niewiadoma fue la primera en atacar, luego se le unieron Elisa Longo Borghini, Lianne Lippert, Cecilie Uttrup Ludwig y Ashleigh Moolman. Justo antes de la cima, Lippert atacó y solo Longo Borghini pudo responder. El dúo rodó en cabeza de carrera durante algunos minutos, pero con 20 kilómetros para la llegada quedó un grupo líder de cinco corredoras.
En el grupo perseguidor venían Van Vleuten, Van Dijk, Vos, Kopecky, Silvia Persico, Marlen Reusser y Mavi García, sin embargo, la colaboración no fue fluida en la cabeza de carrera. La brecha se hizo cada vez más pequeña y entrando en el último giro de circuito el grupo perseguidor se acercó aún más.
En el tramo final, las fugitivas fueron llamadas al orden y el grupo con las grandes favoritas lego a la punta de carrera, todo parecía jugarse al sprint, pero Van Vleuten tenía otros planes. La neerlandesa sorprendió con un ataque lejano en el último kilómetro y pudo mantenerse por delante del pelotón y con un codo roto, la formidable corredora de Países Bajos se llevó una épica victoria.
Hay victorias que se celebran, y hay otras que se parecen a una resurrección. La de Wout van Aert en la París-Roubaixfue exactamente eso: una escena salida de El Renacido, la película de Alejandro González Iñárritu, en la que un trampero y explorador del siglo XIX no sobrevive porque la vida o la suerte le sonrían, sino porque se niega a morir antes de tiempo.
Durante meses, el belga pareció arrastrarse entre la niebla de las caídas, la presión, las dudas y esas derrotas incómodas para un campeón de su talla. Pero este domingo, en el infierno de los adoquines, volvió del frío, del dolor de la maldita caída en La Vuelta 2024 y de sus propios fantasmas para firmar en el añejo velódromo de Roubaix una de las victorias más impresionantes, emotivas y redentoras de su ya brillante carrera.
Fue en el sector 12, entre Auchy-lez-Orchies y Bersée, donde Wout van Aert decidió que ya había esperado suficiente. En uno de esos tramos donde París-Roubaix se vuelve más infernal que ninguna otra carrera en el universo, el belga tomó la iniciativa, endureció la prueba, se sacudió a Pedersen y se llevó al alienígena Tadej Pogacar soldado a su rueda.
Ahí empezó a tomar forma la batalla que todos soñábamos: dos gigantes solos frente al adoquín, midiéndose a golpe de pedales, dos pura sangre cabeza a cabeza, todavía con casi 100 kilómetros y un mar de piedras por delante.
En El Renacido, Hugh Glass es despedazado por un oso, enterrado vivo, lanzado al abismo con su caballo y obligado a atravesar a pie un desierto de hielo y temperaturas bajo cero. Así también Pogacar y Van der Poel parecieron quedar a merced del infierno en plena París-Roubaix.
El esloveno vio cómo un pinchazo, cuando aún faltaban cerca de 120 kilómetros, amenazaba con desbaratar su ambición, mientras que el neerlandés, triple campeón defensor, sufrió una avería mecánica en el temible Bosque de Arenberg que lo obligó a perseguir durante buena parte de la jornada. A uno lo golpeó la mala fortuna; al otro, el corazón mismo del adoquín. Y, sin embargo, ambos siguieron avanzando como sobrevive Glass en la novela de Michael Punke: heridos, exhaustos, empujados al límite, pero con el orgullo intacto, ese que le impide a un ciclista de verdad abandonar una carrera.
Como Hugh Glass y John Fitzgerald persiguiéndose a través de la inmensidad salvaje de Wyoming, Montana y Dakota del Norte, también Wout van Aert y Tadej Pogacar se fueron cazando el uno al otro a través del infierno de París-Roubaix: dos gigantes empujados por el orgullo, la obsesión y la necesidad de sobrevivir al día más cruel del ciclismo. Pero en el viejo velódromo de Roubaix, allí donde los héroes dejan de ser hombres comunes para convertirse en leyenda, fue el belga quien logró doblegar a su rival y salir con vida de la batalla.
Y así como Glass terminó inspirando relatos que atravesaron generaciones hasta convertirse en novela y cine, también Van Aert firmó una victoria destinada a perdurar en la memoria del ciclismo, una de esas que se cuentan durante décadas porque no solo coronan a un campeón: también alimentan los mitos.
Cuando Wout van Aert cruzó la meta en el velódromo de Roubaix, ya no levantó solo los brazos de un campeón que acababa de sobrevivir al infierno. Levantó también el recuerdo de un amigo que nunca salió de allí. Su gesto hacia el cielo tuvo el peso de la memoria y del dolor que permanece: el de Michael Goolaerts, su compañero y amigo que en la París-Roubaix del 2018 y con solo 23 años encontró en estos mismos adoquines su último día. Ocho años después, Van Aert convirtió su victoria en homenaje, y en medio de la gloria le recordó al ciclismo que hay triunfos que no terminan en la línea de meta.
Tras su séptima participación en la París-Roubaix, a Wout van Aert (Team Visma | Lease a Bike) por fin se le dio la victoria en la ‘Clásica de Clásicas’ tras un duelo espectacular con Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG).
El todoterreno belga fue el más rápido en un sprint a dos en el legendario velódromo de Roubaix, relegando al campeón del mundo al segundo lugar tras un esfuerzo descomunal en los últimos kilómetros.
El podio lo completó el belga Jasper Stuyven (Soudal Quick-Step), dejando en el cuarto lugar al máximo favorito, el neerlandés Mathieu van der Poel (Alpecin-Premier Tech). El top 5 lo cerró el francés Christophe Laporte (Team Visma | Lease a Bike).
El único colombiano en competencia, el sprinter boyacense Juan Sebastián Molano (UAE Team Emirates) no concluyó la prueba. El pedalista paipano lleva dos ediciones consecutivas sin terminar, de las cuatro en las que ha participado.
En un final pasado por la lluvia, Paul Seixas (Decathlon CMA CGM Team) defendió su liderato en la última jornada y se consagró campeón de la edición 65 de la Vuelta al País Vasco. El joven corredor francés, que mostró su supremacía en las jornadas montañosas, terminó ganando tres etapas en la denominada Itzulia.
El podio de la ronda vasca lo completaron el alemán Florian Lipowitz (Red Bull-BORA-hansgrohe) y el noruego Tobias Halland Johannessen (Uno-X Mobility), quienes terminaron en el 2° y 3°, puesto respectivamente.
En cuanto a los colombianos, el mejor fue el huilense Harold Tejada (XDS Astana Team) quien pasó un día difícil en la última jornada, reportándose en la casilla 53° a más de 20 minutos del ganador, lo que le significó salir del top 10 de la general.
La lluviosa jornada final concluyó con otro duelo entre los clasicómanos y los escaladores donde Brandon Rivera fue uno de los protagonistas de la fuga inicial, sin embargo, el zipaquireño del Ineos Grenadiers cedió en la fase definitiva y llegó en el puesto 34° a 9:53.
La última etapa de la carrera española la ganó el estadounidense Andrew August (INEOS Grenadiers), quien terminó llevándose la victoria en los últimos 135,2 kilómetros.
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