Con la gran ilusión de mejorar la posición que ocupó el año anterior en la clasificación general individual y motivada por representar al femenino colombiano en el Giro Rosa, se encuentra la colombiana Paula Patiño a pocas horas de tomar la largada en esta prueba con el Movistar Team, equipo que tiene puestas sus esperanzas en la escaladora antioqueña, como su principal carta para la disputa de la prueba.
Revista Mundo Ciclístico conversó con la corredora del Movistar Team, que a sus tempranos 23 años afrontará su segundo Giro Rosa consecutivo.
Paula Bienvenida a Revista Mundo Ciclístico
¿En qué condición llega a este Giro Rosa?
Este año ha sido un poco diferente, sabíamos que íbamos a tener menos competencia diferente al año pasado, hubo que cuadrar un poco para no llegar tan faltas de ritmo a la carrera, por este motivo fui al Tour de Ardéche, sabíamos que no lo podía terminar del todo porque era muy encima del Giro y junto con el equipo decidimos qué haríamos sólo cuatro etapas.
¿Con que sensaciones terminó su participación en el Tour de Ardéche?
En Ardéche las sensaciones fueron buenas, estuvimos un poco en la pelea, con buenas sensaciones. Es una buena señal y esperamos ya empezar el Giro de la mejor manera y que todo nos salga muy bien para el equipo.
¿Cuál es su opinión sobre el recorrido de esta Giro?
El recorrido es diferente al de años anteriores donde había mucha más montaña, este año está un poquito más equilibrado. Sigue siendo bastante duro, porque vemos que desde la segunda etapa ya es muy dura con casi 3000 metros de desnivel en menos de 130 kilómetros, desde ahí se van a marcar diferencias, las otras etapas finales en alto subidas cortas, pero con bastante inclinación ahí también van a ver diferencias.
Tenemos una etapa muy larga de 170 kilómetros, creo que nunca hemos tenido una etapa tan larga. Va a estar interesante, sobre todo las últimas dos etapas son bastante exigentes, vamos a tener un Giro bastante bonito, la crono por equipos va a ser clave, porque es bastante rápida, es corta pero muy intensa y van a haber diferencias.
¿Cuál es el objetivo personal y grupal para este Giro?
Estoy a disposición de mi equipo para ayudar a lo máximo posible que pueda, junto con mi compañera Katrine somos las bazas para la montaña y trataremos de dar lo mejor, de estar con las mejores. La carretera pone a cada quien en su camino y vamos día a día.
Por lo pronto esperar hacer una buena crono, iniciar bien y bastante ilusionada. En lo personal me gustaría mucho mejorar mi puesto con respecto al año pasado. Esperamos contar con buena salud, buenas piernas, buena suerte estaremos a disposición de lo que nos diga el equipo.
¿Qué significa representar al ciclismo femenino de Colombia en esta carrera?
Es muy bonito, estoy muy contenta de estar en mi segundo Giro. El año pasado tuve la oportunidad y puedo decir que es como un sueño cumplido, porque es la carrera más importante del ciclismo femenino mundial y saber qué tanto Liliana como yo que somos colombianas hacemos parte de ese lote de las mejores del mundo.
Para mí es muy bonito, es un sueño cumplido desde que empezamos ciclismo veía la carrera por televisión y ya saber que hago parte de esa competencia es bastante bonito. Siempre tratamos de dar lo mejor, de dejar al país en lo más alto y esperemos que este año no sea la excepción, esperamos dar un bonito espectáculo y representar bien a Colombia.
Hay victorias que se celebran, y hay otras que se parecen a una resurrección. La de Wout van Aert en la París-Roubaixfue exactamente eso: una escena salida de El Renacido, la película de Alejandro González Iñárritu, en la que un trampero y explorador del siglo XIX no sobrevive porque la vida o la suerte le sonrían, sino porque se niega a morir antes de tiempo.
Durante meses, el belga pareció arrastrarse entre la niebla de las caídas, la presión, las dudas y esas derrotas incómodas para un campeón de su talla. Pero este domingo, en el infierno de los adoquines, volvió del frío, del dolor de la maldita caída en La Vuelta 2024 y de sus propios fantasmas para firmar en el añejo velódromo de Roubaix una de las victorias más impresionantes, emotivas y redentoras de su ya brillante carrera.
Fue en el sector 12, entre Auchy-lez-Orchies y Bersée, donde Wout van Aert decidió que ya había esperado suficiente. En uno de esos tramos donde París-Roubaix se vuelve más infernal que ninguna otra carrera en el universo, el belga tomó la iniciativa, endureció la prueba, se sacudió a Pedersen y se llevó al alienígena Tadej Pogacar soldado a su rueda.
Ahí empezó a tomar forma la batalla que todos soñábamos: dos gigantes solos frente al adoquín, midiéndose a golpe de pedales, dos pura sangre cabeza a cabeza, todavía con casi 100 kilómetros y un mar de piedras por delante.
En El Renacido, Hugh Glass es despedazado por un oso, enterrado vivo, lanzado al abismo con su caballo y obligado a atravesar a pie un desierto de hielo y temperaturas bajo cero. Así también Pogacar y Van der Poel parecieron quedar a merced del infierno en plena París-Roubaix.
El esloveno vio cómo un pinchazo, cuando aún faltaban cerca de 120 kilómetros, amenazaba con desbaratar su ambición, mientras que el neerlandés, triple campeón defensor, sufrió una avería mecánica en el temible Bosque de Arenberg que lo obligó a perseguir durante buena parte de la jornada. A uno lo golpeó la mala fortuna; al otro, el corazón mismo del adoquín. Y, sin embargo, ambos siguieron avanzando como sobrevive Glass en la novela de Michael Punke: heridos, exhaustos, empujados al límite, pero con el orgullo intacto, ese que le impide a un ciclista de verdad abandonar una carrera.
Como Hugh Glass y John Fitzgerald persiguiéndose a través de la inmensidad salvaje de Wyoming, Montana y Dakota del Norte, también Wout van Aert y Tadej Pogacar se fueron cazando el uno al otro a través del infierno de París-Roubaix: dos gigantes empujados por el orgullo, la obsesión y la necesidad de sobrevivir al día más cruel del ciclismo. Pero en el viejo velódromo de Roubaix, allí donde los héroes dejan de ser hombres comunes para convertirse en leyenda, fue el belga quien logró doblegar a su rival y salir con vida de la batalla.
Y así como Glass terminó inspirando relatos que atravesaron generaciones hasta convertirse en novela y cine, también Van Aert firmó una victoria destinada a perdurar en la memoria del ciclismo, una de esas que se cuentan durante décadas porque no solo coronan a un campeón: también alimentan los mitos.
Cuando Wout van Aert cruzó la meta en el velódromo de Roubaix, ya no levantó solo los brazos de un campeón que acababa de sobrevivir al infierno. Levantó también el recuerdo de un amigo que nunca salió de allí. Su gesto hacia el cielo tuvo el peso de la memoria y del dolor que permanece: el de Michael Goolaerts, su compañero y amigo que en la París-Roubaix del 2018 y con solo 23 años encontró en estos mismos adoquines su último día. Ocho años después, Van Aert convirtió su victoria en homenaje, y en medio de la gloria le recordó al ciclismo que hay triunfos que no terminan en la línea de meta.
Dos participaciones en la París-Roubaix y dos segundos puestos para la superestrella eslovena Tadej Pogacar. La racha de tres victorias consecutivas en Monumentos del campeón del mundo acabó por culpa del belga Wout van Aert (Visma–Lease a Bike), quien le ganó en un sprint a dos.
“Estoy orgulloso de todo el equipo. Fue una carrera muy difícil, tuve que cambiar de bicicleta dos veces y gastamos mucha energía intentando remontar, así que no pudimos seguir nuestro plan original. Aun así, logré volver a la cabeza de carrera”, dijo Pogacar, en declaraciones recogidas por su equipo.
El jefe de filas del UAE Team Emirates-XRG llegó decidido a conquistar el único Monumento que le faltaba en su palmarés, y su gran estado de forma se hizo evidente desde el principio, cuando la escuadra árabe impuso un ritmo frenético a 150 kilómetros de la meta, reduciendo significativamente el pelotón.
Pasando la mitad del recorrido, el esloveno sufrió un pinchazo en la rueda delantera. Tras recibir inicialmente una bici de asistencia neutral, posteriormente recibió la bicicleta de su equipo y emprendió una decidida remontada de 20 kilómetros para reincorporarse a la cabeza de carrera, justo antes del crucial sector del Bosque de Arenberg.
“Cuando Wout atacó, pude seguirle, pero no tenía suficiente energía en las piernas para descolgarle en el adoquín. Intenté contraatacar, pero corrió muy inteligentemente. Trabajamos bien juntos hasta la meta. Sabía que era muy rápido, así que el sprint siempre iba a ser difícil para mí. Di lo mejor de mí, pero hoy fue más fuerte y mereció la victoria. Sigo estando orgulloso y contento con el resultado”, concluyó el esloveno.
Tras su séptima participación en la París-Roubaix, a Wout van Aert (Team Visma | Lease a Bike) por fin se le dio la victoria en la ‘Clásica de Clásicas’ tras un duelo espectacular con Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG).
El todoterreno belga fue el más rápido en un sprint a dos en el legendario velódromo de Roubaix, relegando al campeón del mundo al segundo lugar tras un esfuerzo descomunal en los últimos kilómetros.
El podio lo completó el belga Jasper Stuyven (Soudal Quick-Step), dejando en el cuarto lugar al máximo favorito, el neerlandés Mathieu van der Poel (Alpecin-Premier Tech). El top 5 lo cerró el francés Christophe Laporte (Team Visma | Lease a Bike).
El único colombiano en competencia, el sprinter boyacense Juan Sebastián Molano (UAE Team Emirates) no concluyó la prueba. El pedalista paipano lleva dos ediciones consecutivas sin terminar, de las cuatro en las que ha participado.
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