Desde agosto las escuadrasWorld Tour preparan lo que será la conformación de sus respectivas nóminas para el 2022, pero muchos profesionales de las formaciones de la máxima categoría aún no tienen sus respectivos futuros asegurados y permanecen en el limbo, sin ningún tipo de confirmación oficial.
Es el caso de dos gregarios que terminan contrato con el Astana al final del año, y siguen pendientes de la renovación para continuar en las huestes del equipo. Estamos hablando del colombiano Rodrigo Contreras y del canadiense Benjamin Perry que siguen sin definir su futuro, aún no fueron confirmados oficialmente por el equipo kazajo para la próxima campaña.
RODRIGO CONTRERAS – 27 AÑOS (COLOMBIA) *Tres temporadas en la escuadra kazaja
El ciclista cundinamarqués comenzó su andadura profesional en el Colombia Coldeportes en 2013. En su primer año consiguió ganar una etapa en la Vuelta a Bolivia. En 2015 pasó al Quick Step donde consiguió concluir quinto en el Tour de San Luis, en lo que se convirtió en su mejor resultado en la máxima categoría.
Tras dos años en Europa, regreso al equipo Coldeportes con quien estuvo un temporada para después correr en 2018 en el EPM. En 2019 volvió a dar el salto a la categoría World Tour tras firmar por el Astana con el que lleva tres campañas. El oriundo de Villapinzón consiguió su último gran triunfo en 2019 cuando ganó la última etapa del Tour de Ruanda 2019.
BENJAMIN PERRY – 27 AÑOS(CANADA)*Lleva una temporada en la escuadra kazaja
Por su parte, Perry comenzó su carrera profesional en 2015 en el Silber Pro Cycling, logrando su primera victoria profesional en el Tour de Beauce. En 2017, el canadiense se cambió al Israel Cycling Academy, logrando la victoria en la segunda etapa del Baltic Chain Tour.
En 2019, volvió al triunfo venciendo en el Tour de Corea. Al año siguiente, el corredor de 27 años se vio afectado por el Covid-19 y no pudo participar en varias carreras que tenia prevista en su calendario. Tras cuatro años en Israel Cycling Academy Perry llega al Astana, con el que tuvo 28 días de competencia y ninguna figuración de resaltar.
Hay victorias que se celebran, y hay otras que se parecen a una resurrección. La de Wout van Aert en la París-Roubaixfue exactamente eso: una escena salida de El Renacido, la película de Alejandro González Iñárritu, en la que un trampero y explorador del siglo XIX no sobrevive porque la vida o la suerte le sonrían, sino porque se niega a morir antes de tiempo.
Durante meses, el belga pareció arrastrarse entre la niebla de las caídas, la presión, las dudas y esas derrotas incómodas para un campeón de su talla. Pero este domingo, en el infierno de los adoquines, volvió del frío, del dolor de la maldita caída en La Vuelta 2024 y de sus propios fantasmas para firmar en el añejo velódromo de Roubaix una de las victorias más impresionantes, emotivas y redentoras de su ya brillante carrera.
Fue en el sector 12, entre Auchy-lez-Orchies y Bersée, donde Wout van Aert decidió que ya había esperado suficiente. En uno de esos tramos donde París-Roubaix se vuelve más infernal que ninguna otra carrera en el universo, el belga tomó la iniciativa, endureció la prueba, se sacudió a Pedersen y se llevó al alienígena Tadej Pogacar soldado a su rueda.
Ahí empezó a tomar forma la batalla que todos soñábamos: dos gigantes solos frente al adoquín, midiéndose a golpe de pedales, dos pura sangre cabeza a cabeza, todavía con casi 100 kilómetros y un mar de piedras por delante.
En El Renacido, Hugh Glass es despedazado por un oso, enterrado vivo, lanzado al abismo con su caballo y obligado a atravesar a pie un desierto de hielo y temperaturas bajo cero. Así también Pogacar y Van der Poel parecieron quedar a merced del infierno en plena París-Roubaix.
El esloveno vio cómo un pinchazo, cuando aún faltaban cerca de 120 kilómetros, amenazaba con desbaratar su ambición, mientras que el neerlandés, triple campeón defensor, sufrió una avería mecánica en el temible Bosque de Arenberg que lo obligó a perseguir durante buena parte de la jornada. A uno lo golpeó la mala fortuna; al otro, el corazón mismo del adoquín. Y, sin embargo, ambos siguieron avanzando como sobrevive Glass en la novela de Michael Punke: heridos, exhaustos, empujados al límite, pero con el orgullo intacto, ese que le impide a un ciclista de verdad abandonar una carrera.
Como Hugh Glass y John Fitzgerald persiguiéndose a través de la inmensidad salvaje de Wyoming, Montana y Dakota del Norte, también Wout van Aert y Tadej Pogacar se fueron cazando el uno al otro a través del infierno de París-Roubaix: dos gigantes empujados por el orgullo, la obsesión y la necesidad de sobrevivir al día más cruel del ciclismo. Pero en el viejo velódromo de Roubaix, allí donde los héroes dejan de ser hombres comunes para convertirse en leyenda, fue el belga quien logró doblegar a su rival y salir con vida de la batalla.
Y así como Glass terminó inspirando relatos que atravesaron generaciones hasta convertirse en novela y cine, también Van Aert firmó una victoria destinada a perdurar en la memoria del ciclismo, una de esas que se cuentan durante décadas porque no solo coronan a un campeón: también alimentan los mitos.
Cuando Wout van Aert cruzó la meta en el velódromo de Roubaix, ya no levantó solo los brazos de un campeón que acababa de sobrevivir al infierno. Levantó también el recuerdo de un amigo que nunca salió de allí. Su gesto hacia el cielo tuvo el peso de la memoria y del dolor que permanece: el de Michael Goolaerts, su compañero y amigo que en la París-Roubaix del 2018 y con solo 23 años encontró en estos mismos adoquines su último día. Ocho años después, Van Aert convirtió su victoria en homenaje, y en medio de la gloria le recordó al ciclismo que hay triunfos que no terminan en la línea de meta.
Dos participaciones en la París-Roubaix y dos segundos puestos para la superestrella eslovena Tadej Pogacar. La racha de tres victorias consecutivas en Monumentos del campeón del mundo acabó por culpa del belga Wout van Aert (Visma–Lease a Bike), quien le ganó en un sprint a dos.
“Estoy orgulloso de todo el equipo. Fue una carrera muy difícil, tuve que cambiar de bicicleta dos veces y gastamos mucha energía intentando remontar, así que no pudimos seguir nuestro plan original. Aun así, logré volver a la cabeza de carrera”, dijo Pogacar, en declaraciones recogidas por su equipo.
El jefe de filas del UAE Team Emirates-XRG llegó decidido a conquistar el único Monumento que le faltaba en su palmarés, y su gran estado de forma se hizo evidente desde el principio, cuando la escuadra árabe impuso un ritmo frenético a 150 kilómetros de la meta, reduciendo significativamente el pelotón.
Pasando la mitad del recorrido, el esloveno sufrió un pinchazo en la rueda delantera. Tras recibir inicialmente una bici de asistencia neutral, posteriormente recibió la bicicleta de su equipo y emprendió una decidida remontada de 20 kilómetros para reincorporarse a la cabeza de carrera, justo antes del crucial sector del Bosque de Arenberg.
“Cuando Wout atacó, pude seguirle, pero no tenía suficiente energía en las piernas para descolgarle en el adoquín. Intenté contraatacar, pero corrió muy inteligentemente. Trabajamos bien juntos hasta la meta. Sabía que era muy rápido, así que el sprint siempre iba a ser difícil para mí. Di lo mejor de mí, pero hoy fue más fuerte y mereció la victoria. Sigo estando orgulloso y contento con el resultado”, concluyó el esloveno.
Tras su séptima participación en la París-Roubaix, a Wout van Aert (Team Visma | Lease a Bike) por fin se le dio la victoria en la ‘Clásica de Clásicas’ tras un duelo espectacular con Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG).
El todoterreno belga fue el más rápido en un sprint a dos en el legendario velódromo de Roubaix, relegando al campeón del mundo al segundo lugar tras un esfuerzo descomunal en los últimos kilómetros.
El podio lo completó el belga Jasper Stuyven (Soudal Quick-Step), dejando en el cuarto lugar al máximo favorito, el neerlandés Mathieu van der Poel (Alpecin-Premier Tech). El top 5 lo cerró el francés Christophe Laporte (Team Visma | Lease a Bike).
El único colombiano en competencia, el sprinter boyacense Juan Sebastián Molano (UAE Team Emirates) no concluyó la prueba. El pedalista paipano lleva dos ediciones consecutivas sin terminar, de las cuatro en las que ha participado.
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