Daniel Martínez conquistó este domingo la cuarta corona de Colombia en el Critérium du Dauphiné tras una frenética jornada final en donde sacó a relucir toda la casta de los escarabajos colombianos que ha través de ya casi cuatro décadas han brillado en esta competencia, tradicional antesala del Tour de Francia.
La “Victoria Imposible” de Martín Ramírez (1984)
La VICTORIA IMPOSIBLE tituló en letras de molde el Dauphiné Liberé el 4 de junio de 1984. El periódico creador y por entonces todavía organizador de la competencia no ahorró elogios para Martín Ramírez, el colombiano que contra todos los pronósticos se había coronado campeón.
Martín derrotó a la realeza ciclística de la época, pero sobre todo al héroe del ciclismo francés y por entonces tetracampeón del Tour de Francia, Bernard Hinault. Ni el mítico “Tejón”, ni otra de las nuevas joyas del ciclismo mundial, Greg Lemond, pudieron con Martín que en ese Dauphiné regó las cuestas francesas con sangre, sudor y corazón para entregarle el segundo gran título al ciclismo colombiano en carreteras de Francia, tras el conseguido solo cuatro años antes por Alfonzo Flórez en el Tour del Avenir.
Lucho Herrera rey del cronómetro en Saint-Pierre-de-Chartreuse (1988)
26.7 kilómetros por delante y Rafael Niño, por entonces DT del Café de Colombia, esperaba únicamente mantener un luchado podio. No obstante, Luis Alberto Herrera, vigente campeón de la Vuelta a España se tenía guardada la carta ganadora para el final del Dauphiné Liberé de 1988, una cronoescalada entre Grenoble y Saint-Pierre-de-Chartreuse.
“Lucho” venía de hacer una pobre defensa de su título en La Vuelta, no obstante desde el inicio de la temporada había indicado que su objetivo estaba en carreteras francesas, en sus pocas palabras: Dauphiné Liberé y Tour de Francia. La bandera se había bajado en Avignon cinco días antes y el suizo Nikki Ruttimann, el francés Charly Mottet y el portugués Acacio Da Silva, líder hasta el último día, aparecían como los rivales a vencer por el “Jardinerito de Fusagasugá” en la última cita.
Y no fue un pájaro ni un avión sino el gran lucho el que voló sobre los Alpes franceses ese domingo 5 de junio. Herrera fue un haz de luz de principio a fin, se dio el lujo de alcanzar a Luc Leblanc que había partido tres minutos antes en la trepada de 15 kilómetros y tras hacer pedazos los relojes en todos los parciales, sumó su segundo gran triunfo en Europa tras la inmortal hazaña conseguida tan solo el año anterior en la Vuelta a España.
Lucho Herrera por la puerta grande (1991)
El Dauphiné 91 significó una de las últimas victorias en Europa del gran ídolo del ciclismo colombiano, Luis Alberto “Lucho” Herrera, que superó al español Laudelino Cubino y al “super cronoman” suizo Tony Rominger, para alzarse con su segunda corona y empezar a despedirse del ciclismo mundial de la misma manera que había llegado, por la puerta grande y dejando tras de si una infinita colección de títulos y victorias inolvidables.
Lucho aprovechó la dos etapas de alta montaña con finales en Villard-de-Lans, donde ganó de manera magistral y Aix-les-Bans donde precedió al español Laudelino Cubino tras un verdadero recital de escalada, para ponerse líder y defender con clase su liderato en la última jornada, una contrarreloj de 33 kilómetros en la que ni el temible “reloj suizo” Tony Rominger pudo con el hijo de Fusagasugá.
Daniel Martínez se gradúa de grande y entra en la historia (2020)
Tuvieron que pasar casi tres décadas para ver de nuevo la bandera de Colombia en lo más alto del podio del Critérium du Dauphiné. En ese lapso el ciclismo colombiano nunca dejó de trasegar con sus escarabajos por las carreteras alpinas de la histórica carrera. Oliverio Rincón en 1993 y Santiago Botero en 2005 se quedaron a un solo paso, pero fue Daniel Martínez, otro cundinamarqués 29 años después, el que hizo sonar el himno nacional en una edición marcada por la pandemia de coronavirus que puso en jaque al movimiento ciclístico mundial.
“Dani” Martínez, joven talento del EF Education First ya venía desde el 2018 avisando de una impresionante clase que sumada a un fenomenal desempeño en la crono lo tienen hoy por hoy como uno de los mejores corredores de una deslumbrante generación del ciclistas colombianos.
A base de regularidad y talento puro, Daniel trasegó cinco jornadas de un Dauphiné acortado y puramente montañoso sin perder nunca la estela del líder Primoz Roglic, hasta que en la etapa final ante el abandono del esloveno echó mano de su inmensa categoría para con el segundo lugar en el aeródromo de Megéve coronarse rey de una 72ª edición disputada en medio de la pandemia de Covid 19.
Dante y Virgilio llegan a la puerta del Infierno en el Canto III de La Divina Comedia. Ante la puerta del reino de los condenados, leen la inscripción: «Abandonad toda esperanza, los que entráis aquí”. Mathieu Van der Poel y Tadej Pogacar llegarán este domingo ante las puertas del infierno de París-Roubaix, pero la inscripción dirá: “Aquí Mathieu ganó su cuarto adoquín consecutivo y entró al Olimpo de los dioses de Roubaix” o “Aquí el extraterrestre Pogacar ganó su primera piedra para aumentar su leyenda”.
Para los amantes del fútbol americano es el Superbowl, para los de la F1 el GP de Mónaco, para los del fútbol me imagino será la final de la Copa del Mundo, para los del béisbol la Serie Mundial, para nosotros es París-Roubaix, la esencia más pura de este deporte vive en cada milímetro de esos infernales adoquines, ahí habitan nuestros ángeles y nuestros demonios, por eso quizá París-Roubaix lo es todo a la vez para el ciclismo, el infierno, el purgatorio y el cielo mismo para el campeón cuando tras casi 300 kilómetros de barro y piedras levanta el trofeo en el legendario velódromo de Roubaix.
En su periplo por el infierno de La Divina Comedia, Dante y Virgilio se encuentran con que la puerta la guarda Cerbero, un can de tres cabezas o mejor para este domingo tres adoquines. Poggy y su todopoderoso UAE Team Emirates no se encontrarán con un perro guardián monstruoso, pero sí con un gigante neerlandés, ese que guarda la puerta entre Poggy y su ansiado adoquín.
Pero guardemos ya la obra maestra de Dante Alighieri en la biblioteca y vayamos al grano o mejor al adoquín. Mathieu van der Poel ha ganado la París-Roubaix tres veces (2023, 2024 y 2025), se dice rápido, pero el nieto de Poulidor ha atravesado tres veces el infierno logrando un histórico triplete consecutivo. El del Alpecin igualó el año pasado a mi adorado Francesco Moser (no te lo perdonaré nunca Mateo) y se puso a uno solo de igualar a los legendarios Roger de Vlaeminck y Tom Boonen.
En la otra esquina, el marciano Pogacar, que en esta primavera gritó finalmente campeón en Sanremo tras lo que pareció una eternidad, pero que en realidad fueron seis años de intentos fallidos para un tipo que aunque no lo diga abiertamente y como toda leyenda deportiva a lo largo de la historia, odia perder. Milano-Sanremo parecía la niña bonita del barrio que el esloveno con su cara de mansa paloma pero actitud de Jack el Destripador no lograba conquistar. Para esta temporada Poggi adoptó el look de chico malo rapero americano y ahí sí la Classicissima cayó rendida a sus pies. Una metáfora un poco machista, lo sé, pero muy de la vida real, pido excusas de antemano.
Lo mismo pasó en Flandes donde ni la localía de Mateo, ni las miles de banderas amarillas con el león negro ondeando al viento, ni el Kapelmuur, ni el Paterberg, ni el Koppenberg, ni el muro de Berlín si hubiera estado en el recorrido, pudieron evitar el segundo monumento al hilo del esloveno en este 2026 y su tercera victoria en De Ronde. La facilidad con la que el E.T. de Eslovenia doblegó a Mathieu asustó a todos, pues hasta ese domingo todos veíamos al neerlandés como la única barrera de contención posible en las clásicas ante el poderío avasallador de un corredor que en poco más de cinco años ha construido una leyenda que será recordada por los siglos de los siglos, amén.
Los amantes del espectáculo y las rivalidades encarnizadas cruzamos los dedos, o los cuernos, para que Wout Van Aert, resucitado de las cenizas en Sanremo para meterse al podio y cuarto en Flandes reencuentre su fenomenal golpe de pedal y pueda contra su rodilla, Pippo Ganna se acuerde que es el dueño del Récord de la Hora y busque su primer podio para honrar a Coppi y a Moser de paso, Van Baarle aproveche los galones de capitán en el Soudal y el siempre combativo Mads Pedersen, que el año pasado completó el podio al lado de sus infernales majestades, tengan también algo por decir en el más infernal de los domingos. Evenepoel, mientras tanto, lo verá por TV con nosotros los mortales tras probarse a sí mismo en Flandes que puede dar batalla por los monumentos. Quizá tenga que preparar su próxima rabieta del Giro o del Tour, ahí está la cuestión.
Este domingo el planeta ciclismo y todos los que lo habitamos nos vamos para el infierno, pero tranquilos, no recen por nuestras almas, es el único día que somos felices allí.
En un final pasado por la lluvia, Paul Seixas (Decathlon CMA CGM Team) defendió su liderato en la última jornada y se consagró campeón de la edición 65 de la Vuelta al País Vasco. El joven corredor francés, que mostró su supremacía en las jornadas montañosas, terminó ganando tres etapas en la denominada Itzulia.
El podio de la ronda vasca lo completaron el alemán Florian Lipowitz (Red Bull-BORA-hansgrohe) y el noruego Tobias Halland Johannessen (Uno-X Mobility), quienes terminaron en el 2° y 3°, puesto respectivamente.
En cuanto a los colombianos, el mejor fue el huilense Harold Tejada (XDS Astana Team) quien pasó un día difícil en la última jornada, reportándose en la casilla 53° a más de 20 minutos del ganador, lo que le significó salir del top 10 de la general.
La lluviosa jornada final concluyó con otro duelo entre los clasicómanos y los escaladores donde Brandon Rivera fue uno de los protagonistas de la fuga inicial, sin embargo, el zipaquireño del Ineos Grenadiers cedió en la fase definitiva y llegó en el puesto 34° a 9:53.
La última etapa de la carrera española la ganó el estadounidense Andrew August (INEOS Grenadiers), quien terminó llevándose la victoria en los últimos 135,2 kilómetros.
Como un homenaje a todos los pedalistas suramericanos que han logrado finalizar uno de los monumentos más difíciles en la historia del ciclismo, conocido como el ‘Infierno del Norte‘, le presentamos a todos nuestros lectores el listado con los corredores de la región que han entrado en la historia de las París-Roubaix, como los únicos ciclistas de Suramérica en terminar la ‘Clásica de Clásicas‘. Hasta el momento es una carrera que jamás ha tenido un podio de un latinoamericano.
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